Columnas

Quietud en movimiento

Por Roberto Quijano Luna

Becarios sí, sicarios no: La agenda juvenil en 2018 Hace algunos años asistí a una preparatoria en el Este de Tijuana con motivo de una plática en materia de prevención del delito. En cierto punto del evento, el conferencista preguntó a los estudiantes que levantaran la mano aquellos que escuchaban narcocorridos. Poco más de la mitad, hombres y mujeres, entre risas la alzaron. La narcocultura, nos guste o no, habita entre nosotros. Recientemente, al escuchar al candidato presidencial de Morena-PT-PES, Andrés Manuel López Obrador, formulando su propuesta de una ayuda económica a estudiantes universitarios y “ninis” acompañado de su frase “becarios sí, sicarios no”, recordé aquella plática y me pregunté: ¿Dónde estarán hoy aquellos estudiantes?, ¿cuál es la situación de los preparatorianos en la actualidad? Según cifras del Sistema Nacional de Información Escolar de 2016-2017, de los 4 millones 985 mil 80 alumnos de preparatoria registrados para el ciclo escolar de 2015-2016, se presentó una tasa de abandono de estudios del 13.3%. Es decir más de 600 mil alumnos desertores. Muchas son las razones por las que abandonan la escuela: Falta de apoyo económico, necesidad de trabajar, inaccesibilidad de las escuelas, desinterés por lo educativo, etcétera. El problema es el futuro que les depara a estos jóvenes. Muchos terminan obteniendo empleos precarios dada nuestra realidad socioeconómica y otros trágicamente se ven orillados a unirse al crimen organizado como única manera para salir adelante. Los miles de muertos cada año en manos del narcotráfico, peones en esta guerra, generalmente son jóvenes. La pobreza, la desigualdad económica, la falta de oportunidades y los rezagos educativos literalmente te asesinan. ¿Qué se ha propuesto en estos turbulentos tiempos electorales? Por un lado, los candidatos hablan mucho acerca del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México o los contratos derivados de la reforma energética, pero nadie habla de los miles de jóvenes desamparados. Sus prioridades son otras. Es más rentable políticamente montarse en una gran obra de infraestructura o inversiones que formular propuestas para un joven michoacano convertido en gatillero para el narcotráfico. La propuesta de López Obrador tal y como la plantea, 2 mil 400 pesos a universitarios de escasos recursos y 3 mil 600 a los “ninis”, al igual que la del candidato del Frente PAN-PRD-MC, Ricardo Anaya, con su ingreso básico universal francamente serían un despropósito. El historial de este tipo de programas nos dice que estas ayudas se terminan traduciendo en dádivas electorales, migajas de programas clientelares o de plano terminan en bolsillos de corruptos. Mejor sería atender el tema de fondo: ¿por qué los jóvenes abandonan su educación? Si es por falta de apoyo económico, focalicemos recursos a las comunidades más necesitadas. Si es por inaccesibilidad, veamos la posibilidad de construir una escuela más cercana. Si es por desinterés por lo educativo, hagamos planes de estudios atractivos para las nuevas generaciones. Atender necesidades de acuerdo a las circunstancias de cada escuela, cada ciudad, cada estado y cada región. Este 2018, millones de jóvenes saldremos a votar. Hagámonos escuchar. Adoptemos como lema de batalla la educación. Sicarios no. ¡Estudiantes sí! *El autor es abogado egresado de la Universidad Panamericana.

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