Columnas Del purgatorio al infierno

Postigo

Por Antonio Medina de Anda

“La historia –escribió Marx– comienza como drama y termina como farsa…”, lo que ya descifrado destaca el tortuoso proceso y quehacer que los sujetos han enfrentado en una larga marcha que, de suyo, sobrevino de lo trágico (comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo) hasta derivar en la aterradora brutalidad capitalista y remedos socialistas que configuran, a la luz de la historia, la válida tesis marxista: del principio al final la vida y muerte de la raza humana sojuzgada, de la antigüedad a la modernidad, pasó del purgatorio al infierno. Quien señala a las comparaciones de simple ardid tienen razón, sin embargo, tratándose del espacio, precedentes y semejanzas detonadas por la temporalidad histórica entraña, necesariamente, que uno u otro suceso social, científico, cultural o político, exteriorizan afinidades comunes aunque parciales por estar ligadas a lo casual o eventual porque, más allá de cualquier similitud, a la historia categóricamente la define lo esencial (calidad) que incorporado a lo fundamental (cantidad) su carácter y contenido lo determina, tratándose del capitalismo, el empoderamiento de cierta minoría rapaz ultrajante de las mayorías tal acontece, domina y se padece del viejo al México contemporáneo. Ahora bien: si categorías determinantes precisan pistas prácticas capaces de suministrarle significado a conceptos como tiempo, contexto, periodo transformación, etcétera, magnitudes de por medio estaremos frente a un hecho histórico sea de carácter opresor, intermedio o igualitario que, de acuerdo a la crujiente situación del país ¡cuál es el alcance de la proclama Juntos Haremos Historia! ¡Poderosos y oprimidos son destinatarios parejos del exhorto! ¡Ideologías retardadas e intereses intocables cambiarán su historia de privilegios en aras hacer otra! “La historia”, demostró Gramci, “la determina el consenso pero, principalmente, la fuerza”. Considerada la historia como procesos que constatan la realidad pasada, AMLO ha vertido, escrita y oralmente, el propósito y compromiso que pretende conformar una Cuarta Republica que enlazando lo mejor la lucha de la Independencia (minada por la derecha conservadora), reconociendo el periodo de la Reforma juarista (decapitada por la clase terrateniente porfirista) y valorando la Revolución mexicana (denigrada por la burguesía priista); persuadido, Andrés Manuel, de que pueblo y la nación forcejean para darse un régimen opuesto al lastre autoritario, impune y vendepatrias hasta hoy culpable, entre otros delitos, de patrocinar todo tipo de inmoralidades políticas, amparar injusticias y nutrir la desigualdad. Descomunales, desbordantes y categóricas lucen las asignaturas dignas de impugnarse para luego someterlas a una tajante limpia donde, sin titubear, y dado el grado de polvo acumulado, cualquier superficial enjabonada sería característico de “la gata revolcada” pues expresaría, de no ser así, los humillantes usos, modos y costumbres priistas. Hacer historia en un país y sociedad tan dolorosamente humillados es trascender; implica refundar las instituciones; significa que pueblo y dirigentes rescaten hombro con hombro la dignidad arrebatada; ser distintos a lo hoy dominante, solidarios, cooperativos, fraternales, resueltos y, destacadamente, duros ante la injusticia o depredación de la patria, caso contrario, el porvenir nos postrará impotentes, en la soledad histórica propia del drama y la farsa… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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