Columnas Torquemada de huarache

Postigo

Por Antonio Medina de Anda

Días antes leímos en redes sociales y periódicos que el candidato a senador de Morena, por una u otra justificación, no se presentó a debatir con los otros aspirantes en un ejercicio organizado por el INE. Cabe señalar que salvo las propuestas del morenista ausente, lo dicho y cantado por los abanderados del PRI, Panal, Verde y PAN dieron pena ajena al evidenciar una caballada que de sobra luce flaca por reiterativa, demagógica y vanidosa al ignorar, o fingir desconocer, la devastadora situación que arrasa a la mayoría de los mexicanos al no ver, oír, y menos sentir, el reto que implica enfrentar para cambiar el lacerante presente. Ubicados en la forma para evadir el contenido, y apegados a los genes prianistas, los candidatos comparecientes al Senado por Baja California, entre molestos y frustrados, deploraron no haber logrado tundir al de Morena a través del repertorio censor-acusador que cargan en su morralito atiborrado de vituperios, denuncias y quejas, como estrategia para seguir implantando campañas de deshecho que por su contenido sucio, conscientes o por consigna, hacen de la diatriba y verdades a medias el ardid con el cual pretenden tener éxito. Hurgar, espiar, escarbar o revolver la verdad encarna el repudiable decir y hacer del Prian en quebranto de las ideas, plataformas y proyectos no solo partidistas sino de las campañas, candidaturas y concurrencia a las urnas, pues la guerra sucia comicial no provino de cierta ocurrencia o perturbado alguno, al contrario, dicho veneno fue incubado en Los Pinos (residencia presidencial) cuando, precisamente el Ing. Cárdenas (1988) puso en aprietos a la mafia del poder que hasta entonces, ilesa e invicta, disfrutaba el carro completo garante de las peores bajezas políticas. Sin pizca de vacilación, la fraudulenta y ultrajante imposición de Carlos Salinas trajo, como señuelo legitimador, que las elecciones contaran con órganos de dudosa calidad ética donde, mayoritariamente, sus comisionados han sido pervertidos al punto de que las campañas negras o desaseadas retozan inmoderadamente en semejanza, proporción histórica de por medio, al tétrico Tribunal Eclesiástico medieval, el de la Santa Inquisición, el responsable de castigar los delitos contra la fe católica a través de maquinar, delatar, encarcelar, torturar y ejecutar, cuyo primer inquisidor, el dominico Tomas de Torquemada, acaudilló, inspiró y redactó las despiadadas reglas de tormento. Con la temporalidad histórica de por medio, repetimos, la exaltada mediocridad de los prianistas José Antonio Meade y Ricardo Anaya se observa y escucha disminuida, retroalimentada con chismes, difamaciones e incriminaciones esmeradas en montar espectáculos ayunos de ideas, como incapaces de generar controversias ideológicas, de rigor político o contienda lideril, ya que la predica de los presidenciables del Prian inicia y termina “cazando brujas” (acusando, persiguiendo, cercando, juzgando) tal se confirma en declaraciones, debates y millonarios promocionales en prensa, radio y TV: Nestora, CNTE, Napoleón, Gordillo, departamento de AMLO, etc.; que son el lúcido grito de guerra de los deslenguados de la mafia del poder y sus instrumentos José Antonio Meade y Ricardo Anaya. Auténticos Torquemadas de huarache… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

Comentarios