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Columnas De Ayotzinapa a Tlatelolco

Postigo

Por Antonio Medina de Anda

Revelaciones recientemente difundidas por el periódico Reforma dejan ver, en relación con el caso Ayotzinapa, la recíproca comunicación, órdenes y contraordenes que mantuvieron los jefes de Chicago con sus subordinados secuaces del cártel Guerreros Unidos que operan en la sierra, valles y costas de aquel aterrado estado. De acuerdo con el reportaje del diario aludido, la fuente central del antes, durante y después de la desaparición de los jóvenes normalistas se halló en los mensajes telefónicos intervenidos entre finales de 2013 y octubre del 2014, esto es, la intromisión telefónica gringa apuntaba al trasiego de drogas cuando, impensadamente, aconteció lo de los estudiantes secuestrados. Tal se asentó en sus inicios, los jóvenes normalistas habían tomado varios autobuses ignorando que algunos transportaban drogas provocando, lógicamente, que los narcotraficantes dueños de la valiosa carga se lanzaran contra los que pretendían apropiarse de una mercancía que, pese a otros antecedentes, en este caso no se trataba del grupo criminal adversario conocido como Los Rojos obstinado en disputar la plaza sino de simples muchachos a quien Guerreros Unidos, auxiliados y protegidos por policías federales, estatales y municipales, fácilmente neutralizaron, sometieron, amarraron, trasladaron y alojaron en un lugar hasta hoy desconocido. Por eso desde un principio las voces independientes y exigentes de aclarar tamaña infamia (familiares, alumnos, abogados, Derechos Humanos, organismos internacionales, etcétera) demandaron a la PGR que investigara, rastreara y verificara el enlace entre los exportadores de cocaína y heroína guerrerense hacia Estados Unidos, la complicidad del cártel con políticos y autoridades y el rapto-ocultamiento de los 43, sin embargo, la temprana demanda del GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) para que la PGR vinculara a los operadores de Guerreros Unidos con los padrinos de Chicago simplemente fue menospreciado, desechado. Una actitud igual de sorda a la contraída por los diferentes cuerpos policiacos que en la ruta Iguala -USA no miran, escuchan y menos se dan por enterados del convoy de mulas motorizadas que recorren miles de kilómetros abarrotados de estupefacientes que, no obstante su prolongado itinerario, no sufren ninguna pérdida a pesar de los múltiples retenes militares facultados para revisar, revolver y comprobar que ningún vehículo oculta drogas excepto, como en este caso, las líneas de autobuses “forradas” no solo a la simple mirada militar sino, incluso, “blindada” al uso de rayos x, láser o nariz y trompa de perros adiestrados. Cierto que sobre el correr de los días, meses y años surgen nuevos datos sobre el crimen de Ayotzinapa donde a la mentira oficial, “la verdad histórica”, se le suman siniestras pero conscientes omisiones institucionales que de suyo más y más colocan a la PGR, y al régimen todo, en el rencor y franco desprecio ciudadano. Y más: hunden y arruinan mayormente la imagen de Enrique Peña Nieto en parejo, o peor récord al cosechado por Gustavo Díaz Ordaz, porque Ayotzinapa y Tlatelolco son parte de un similar como brutal crimen que por donde se les vea manifiesta huellas del PRI-gobierno. El tiempo, así lo ha demostrado… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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