Columnas ¿Mediocre?

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La palabra mediocre proviene del latín mediocris que significa promedio, medio, común y etimológicamente está compuesto por el vocablo medius que expresa “medio” y ocris que significa “montaña”, lo que significa que es algo o alguien que se queda a la mitad de la montaña y final de la cumbre. Ahora bien, creo que debemos tener cuidado con el uso de las palabras, muchas veces nuestra intención es una y de la boca sale cada cosa que solo demuestra ignorancia, amargura o frustración. Al mediocre se le juzga cuando conoces dónde está la cumbre de la montaña y si estás completamente seguro de que la persona se ha dado por vencida. Antes no se vale porque toda jornada sufre ajustes, cambio de planes, replanteamiento de las estrategias, reflexiones, cambios de clima, lluvias fuertes o sequías temporales. Hoy quiero compartirte esta reflexión pues los estándares del éxito y los grandes logros parecieran ser algo tan común como un “post” en Instagram o una nueva frase bonita en Facebook. La verdad es que el éxito es mucho más complejo de entender, tan complejo como el juicio al mediocre y esto es porque cada persona tiene una concepción diferente del mundo y de las cosas, diferentes ejemplos de vida, diversos gustos, pasiones, objetivos y metas. La Universidad de Scranton reveló en un estudio que el 92% de las personas no cumplen con sus metas. ¿Todos son mediocres entonces? Por este tipo de revelaciones se han desbordado iniciativas, libros, investigaciones, neuro sectas y trucos mágicos por convertir a todos en líderes, en personas de éxito, en “personas de bien”, suponiendo que si no logras el éxito (generalmente económico) no eres de bien y obviamente eres mediocre. El problema no está en cumplir los objetivos, queridos amigos, el problema está en la definición de esos objetivos. En casi todas las familias se enseña a los hijos que el principal éxito está en las finanzas porque con ello logramos estabilidad emocional, belleza familiar y la famosa “libertad”. La pregunta es: ¿sólo así se logra estabilidad emocional, belleza familiar y libertad? No te confundas; desear unas vacaciones de lujo, una casa grande o un carro del año no tiene absolutamente nada de malo, son aspiraciones legítimas que nos motivan y nos hacen admirar las capacidades de nuestro entorno así como las carencias de otros nos sirven para apreciar lo que tenemos. El dilema del éxito no es cosa sencilla, creo que parte de nuestro paso por la vida es justamente aprender a descubrirlo y compartirlo. Hace dos mil años un humilde carpintero invitaba a la gente a no hacer tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen, donde los ladrones minan y roban, sino hacer tesoros en el cielo. La invitación es a reflexionar las metas y elegir una nueva montaña, no a justificar la mediocridad que todos llevamos dentro, aclaro, sino a repensar qué tipo de montaña queremos escalar, encontrarla y empezar de nuevo el viaje. ¿De qué servirá ganarse el mundo si a cambio perdemos el cielo? * El autor es Director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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