Columnas Dejar de ser perro

Numeritos

Por

Soy independiente en materia partidista, pero profundamente convencido de que estos, los mentados partidos, son fundamentales para la vida democrática de cualquier país. ¿Entonces dónde está el meollo del asunto? En la pobre calidad de sus actuales dirigentes y en el fracaso de sus acciones. Mandar “al diablo” a las instituciones tampoco es la ruta, a los mexicanos nos ha costado vidas, dinero y muchos años de intentar construir un sistema como para venir a proponer que solo el “borrón y cuenta nueva” resolverá el enorme socavón que tenemos en materia de desarrollo, injusticia e inequidad. No te confundas, lo que pasó en las elecciones pasadas no fue que un partido pulcro y transparente vino a resolver los problemas de México. Lo que sucedió fue que los mexicanos salimos a votar enojados, hartos, encabronados, por seguir atorados sin poder avanzar. El mensaje fue claro, duro, contundente, sin dudas, enérgico y con el respaldo de un Instituto Nacional Electoral eficiente, no perfecto. Esa imperfección también se manifestó en las votaciones; el enojo fue tan grande que olvidamos los balances, los justos medios y la distribución del poder. México no votó por Morena, el otro partido, los mexicanos no creo que hayamos optado por nada más cambiar de amo, más bien creo que estamos en proceso de dejar de ser perro. Parafraseando al gran Manuel Clouthier. En toda democracia los justos balances son buenos y a todos nos conviene que no exista un Morena intolerante, otro PRI aplastante, un PRD desdibujado y un PAN hipócrita con doble cara. A todos nos convienen las instituciones políticas estudiando los problemas, proponiendo soluciones y buscando las preferencias electorales para poner en práctica sus iniciativas. Bajo esta premisa sugiero 10 acciones sencillas pero profundas para iniciar con este esfuerzo de transformar estas viejas, corruptas y hediondas instituciones que tenemos. 1.- Conocer a profundidad y detalle las razones por las que han perdido la confianza de la gente. 2.- Conocer qué quiere la gente, analizar las realidades de cada ciudad y los retos regionales. 3.- Ser una oposición real pero responsable, ni comparsa ni freno de mano. 4.- Dar paso a las nuevas generaciones, nuevos talentos, nuevas caras. 5.- Humildad en el ser y humildad en el parecer. 6.- Enfocarse en el combate a la corrupción. Ahí está el origen del problema. 7.- Destituir a los cargos que no cumplan, a los líderes que no den resultados, a los parientes y compadres rémora de contratos, concesiones, permisos y licitaciones. 8.- Cambiar sus procesos internos con innovación, tecnología, creatividad y transparencia. 9.- Poner al ciudadano como centro de la vida pública, no a las instituciones políticas. 10.-Dejar de ser partido político y convertirse en institución política. Los partidos buscan ganar elecciones, las instituciones buscan influir y transformar generaciones. Ahí están mis dos centavos. Compártelo si te convence y si conoces a algún miembro de eso que antes llamábamos partidos políticos; lo que hoy tenemos son solo changarros busca-chambas que seguimos manteniendo con nuestro dinero. El autor es Director de Testa Marketing, investigación de mercados.

Comentarios