Columnas ¿Empresarios cobardes?

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“Quien se va de Monterrey es un cobarde. Hay que luchar por lo que creemos. Tenemos que retomar nuestra gran ciudad”. Así sentenció Lorenzo Zambrano, el otrora gran líder empresarial ante la desbandada y achicamiento de los ejecutivos, patrones y dueños de negocios que literalmente huían de la ciudad, callaban su coraje o, peor aún, eran comparsa cual focas aplaudidoras del gobierno; el principal responsable y cómplice en aquellos terribles años de Nuevo León. Cada ciudad es un mundo y, a diferencia de Monterrey, en Tijuana las condiciones y estructura social de aquellos “años negros” se prestaron para enfrentar exitosamente el problema de la inseguridad. En Baja California coincidieron varias condiciones y personas: Se me escaparán muchos, pero había un gobernador (Osuna Millán) que reconocía sus debilidades tácticas para enfrentar al crimen, un liderazgo militar valiente (Duarte Mujica), un alcalde (Ramos Hernández) intentando mantener el tejido social, un secretario de Seguridad Pública (Leyzaola) dándose de tiros en la calle con los delincuentes y el ingrediente más importante de este coctel: un sector social y empresarial organizado, con todas sus imperfecciones, pero con voces fuertes que exigían soluciones, proponían alternativas pero que jamás bajaban el tono con la complacencia y “el beneficio de la duda” a la autoridad, no hasta que no se vieran soluciones. Ahí estaba mi valiente Coparmex con Fernando Otáñez, Roberto Quijano, Jacobo Ackerman y Juan Manuel Hernández; en otras trincheras estaba Mario Escobedo, Alberto Capella y Daniel Romero, quien protagonizaba, a nombre de los empresarios, uno de los episodios clave de la ciudad cuando declaró el rompimiento público y explícito de toda relación con el gobierno, cancelando su participación en eventos y actividades de promoción económica conjunta. Batotes, pues. Últimamente escucho que en aquellos años sí había cabeza, músculo, corazón, talento y talante. Yo digo que también en estos años tenemos liderazgos valiosos cumpliendo el rol voluntario de trabajar por nuestra ciudad, pero entonces ¿por qué la exigencia pública para que los liderazgos sociales y empresariales eleven su voz ante el terror que nuevamente seduce nuestras calles? Muy fácil: porque la burra no era arisca y los tijuanenses no estamos dispuestos a ceder ni tantito otra vez. Los empresarios no son los responsables de darnos seguridad, es la autoridad quien tiene esa obligación, ellos son quienes tienen el dinero, las leyes y las armas para lograrlo. ¿Entonces cuál es el rol de los empresarios organizados? No es poca cosa, el verdadero liderazgo empresarial es aquel que articula con creatividad y talento todos los recursos para ser la voz no solo de los intereses corporativos, sino también de las pequeñas empresas, las mujeres emprendedoras, los pequeños talleres, las grandes maquiladoras, los consultorios médicos, los jóvenes emprendimientos, clientes, socios, proveedores, trabajadores y sus familias. Cuando los liderazgos sociales entiendan y comprendan la trascendencia de esta responsabilidad, entonces estaremos nuevamente todos montados en un poderoso tren de alta velocidad que nadie, ni los gobiernos, van a poder parar. Se me antoja una Tijuana así nuevamente, ¿a ti no? El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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