Columnas Los guantes blancos del 2 de octubre

Necropsia urbana

Por Marco Antonio Hermosillo

“Personas de guante blanco están en todos lados y disparan a discreción…”. Comprendí inmediatamente la orden dada, pero tuvieron que pasar años y muchas horas de lectura para que yo la contextualizara. Existe información bien documentada de que el Batallón Olimpia fue un grupo paramilitar de contrainsurgencia creado por el Gobierno de México con el fin de vigilar, espiar, perseguir, hacer acciones de sabotaje, realizar detenciones e infiltrar el movimiento de 1968 en México; estuvo bajo el mando del general Luis Gutiérrez Oropeza y fue integrado por elementos del Estado Mayor Presidencial y la, en ese entonces, Dirección Federal de Seguridad, la Policía Judicial Federal, la Policía Judicial del Distrito Federal y la Inspección Fiscal Federal; existen cálculos que suponen tenía entre mil 500 y 2 mil elementos. También se sabe que tuvo parte activa en distintos momentos del movimiento como la toma de Ciudad Universitaria el 18 de septiembre de 1968, en la toma del Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional el 23 de septiembre de ese año y, finalmente, en la Operación Galeana, el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Debido a que eran militares o policías que actuarían de manera encubierta, vestidos de civil, en ese episodio, se caracterizaron por identificarse entre sí con un guante blanco y en dicha acción tomaron parte activa de un plan orquestado previamente para simular un enfrentamiento a tiros entre estudiantes del movimiento armados y el Ejército de México; para ello el batallón contó, además del despliegue de sus elementos en la plaza y los edificios aledaños, con francotiradores apostados desde la mañana del 2 de octubre en la plaza y sus inmediaciones; además de las acciones armadas, se tiene registro de que el batallón hizo detenciones presuntamente ilegales, maltratos, torturas y allanamientos de morada. Siendo yo muy joven recién terminé mi adiestramiento básico formativo posterior a mi ingreso al Ejercito mexicano, fui integrado al primer pelotón de la primera sección del 22 Regimiento de Caballería, fue más por estatura que por capacidades la que nos permitió estar ahí; se aproximaba el mes de septiembre y sus desfiles, y tenían que verse simetría en el evento, así terminamos combinados experiencia y novatez. Cierta tarde nos acuartelaron y pasaron varias horas, en determinado momento llegó un Mayor y nos reunió en un aula y nos planteó de una forma firme, recia, fría, pero la vez paternalista: “Soldados, tenemos una misión donde podemos morir o matar, por lo que si algún elemento no desea acudir es momento que salga de esta sala y no habrá ninguna represalia sobre su decisión”, por supuesto nadie salió; ya por la noche abordamos un camión que nos condujo a una sierra despoblada, aún sin conocer detalles del evento, al bajar del vehículo nos reunió el Mayor para informar con los pocos datos que se tenían y nos dijo: “Señores desde este momento somos guantes blancos”, al amanecer teníamos controlada la situación y todo el personal militar completo… * El autor es presidente de la Comisión de Difusión del Instituto de Investigación Jurídica de la Universidad de la Californias Internacional.

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