Columnas Huestes de la fe vs infantes

Necropsia urbana

Por Marco Antonio Hermosillo

El país se ha estremecido por casos de abusos sexuales a niños en todos los estados y es que en estos temas nuestra realidad es alarmante, hay más de 800 niños que han sido víctimas de abuso y violación, la pregunta sería ¿cuántos casos estarán en el silencio? El abuso sexual de menores es uno de los tipos de maltrato infantil con las peores repercusiones traumáticas, pero qué pasa cuando estos actos provienen de diversas iglesias que lo solapan, minimizan e incluso lo fomentan y publican, ¿cómo justifican lo injustificable? ¿Ejemplos?, los que quieran, existen de acción, de omisión, también por declaración. Recordemos el día que el arzobispo de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, Fabio Martínez Castilla, declaró que es más grave que una mujer aborte a que un sacerdote abuse sexualmente de un menor; el jerarca católico sostuvo que cuando un niño es abusado sexualmente por un sacerdote “se muere su futuro”. En cambio, enfatizó que cuando una mujer interrumpe su embarazo comete “un asesinato”. Que pobre analogía. Y qué decir cuando uno ve publicado en diversos medios que un pastor evangélico, de nombre Jorge Villarreal, de 60 años, originario de Chalco, Estado de México, anunció por medio de redes sociales que se iba a casar con una menor de 12 años de edad, y que en su publicación de Facebook, el hombre aseguró que esa decisión no la tomó por sí mismo, sino que Dios se lo había dicho; lo más absurdo es que dice que Dios le otorgó un capullo, “un ser de luz”. El pastor mencionó que recibió un llamado de Dios, quien le ordenó que se casara con la niña ya que su esposa le fue infiel. “Dios ha escogido a una jovencita para que sea mi esposa. Señor: ¿Por qué ella? Y hoy, hablando en la madrugada con él, me hizo ver que la mujer que él escogió es de temprana edad y me la entrega a mí para que yo la santifique, la edifique, para que ella no me contamine como las demás me llegaron a contaminar, por lo cual le dije: Amén, Señor, así será”. Qué decir de la denuncia del ex nuncio de Estados Unidos, Carlo María Viganò, de que el papa Francisco solapó a curas acusados de abuso sexual y pidió por ello su dimisión, mientras que el fiscal general de Pensilvania, al presentar el caso de 300 sacerdotes pederastas, aseguró: “Tenemos pruebas de que la Santa Sede tenía conocimiento de los casos”; este caso, como otros no es aceptable y nunca está bien encubrirlo. La protección de niños y niñas es responsabilidad de la familia, la sociedad y del Estado. Es imprescindible que el nuevo gobierno sume a su agenda prioritaria el contar con un sistema de protección que garantice el ejercicio de derechos de niños y niñas y, en estos casos, en particular el derecho a la protección contra toda forma de explotación y abuso, es fundamental desarrollar capacidades en las familias, comunidades, escuelas, organizaciones y en la sociedad en general para eliminar la violencia y prevenir abusos. * El autor es presidente de la Comisión de Difusión del Instituto de Investigación Jurídica de la Universidad de la Californias Internacional.

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