Columnas Después de tu adiós

Necropsia urbana

No existen palabras de aliento que consuelen ante la pérdida de un ser querido, afortunadamente, mi amigo Reynaldo Bojórquez sí las encontró y las plasmó en su libro “Después de tu adiós” y me explica que…"en sí, el libro trata del proceso que viví durante la enfermedad de mi hija, después de su muerte y como he ido superándolo. "En el narro mi acercamiento con Dios y ante la necesidad de volver a verla, le escribí algunas cartas a ella. Yo mismo las respondía como si fuera ella quien lo hacía. "Posterior a su muerte, la única forma de superarlo fue volver la vista hacia mis hijos y mi esposa. Me dedique a cuidarlos y traté de explicarles que la vida sigue a pesar de todo. Pero no me daba cuenta que también yo necesitaba cuidarme. Fue así como volví la vista hacia mí y empecé a sacar todo lo que sentía. Enojo, coraje, llanto, frustración, impotencia. "Llorar era la forma de ir sacando todos los sentimientos y emociones que me amargaban el alma... Así que lloraba en el trabajo, camino al trabajo, en la iglesia, en la casa... Me di cuenta que lo que necesitaba era saber de ella y empecé a escribir pensando en ella. En el libro están plasmadas muchas frases y versos escritos especialmente para ella "Un día me encontré un cuaderno con lo que había escrito para ella y pensé todo lo que había pasado. Imaginé a todos los padres que al igual que yo han sufrido una pérdida igual a la mía, la muerte de un hijo. Y que tal vez aún no encuentran consuelo. A mí me ayudó bastante escribirle a ella, sacando desde el corazón y la tristeza todo lo que ahí guardaba. Así fue como pude ir superando la pena. "Entonces, me di cuenta que lo que escribía correspondía a cada una de las etapas que iba pasando y tenían alguna secuencia... No hay día que no piense en ella y le hable. Muchas frases provienen de nuestras conversaciones. Y quise plasmarlas en un libro. No sé si esto ayude a otros padres o no. De lo que estoy seguro es que a mí me ha ayudado bastante escribirle a ese ser maravilloso que aún vive en nosotros. Está en nuestro corazón y de ahí surge lo que somos. "Nunca fue mi intención escribir un libro, solo escribía para desahogarme, era una catarsis que me ayudaba momentáneamente. Así fue durante años. "Aprendí que somos temporales. Nuestro tiempo aquí no está garantizado eternamente. No sabemos si habrá mañana y ahora me dedico a vivir cada día como si fuera el último. A disfrutar todo lo que me gusta y no privarme de nada que esté a mi alcance. "En fin, aprendí tantas cosas, a no callar, pero a no hablar sin razón. A disfrutar con los que amo, a vivir de una manera simple pero con el corazón... "Aprendí que nada ni nadie me la devolverán aquí en la tierra. Por ello, busco ser feliz hasta el último momento de mi vida aquí en la tierra". * El autor es presidente de la Comisión de Difusión del Instituto de Investigación Jurídica de la Universidad de la Californias Internacional.

Comentarios