Columnas Voto con sindéresis

Necropsia urbana

Winston Churchill decía que los políticos debe ser capaces de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que ellos predijeron. El Instituto Nacional Electoral (INE) determinó que se realicen tres debates presidenciales, los cuales se llevarán a lo largo del país y serán: uno en la Ciudad de México este domingo 22 de abril en el Palacio de Minería de la Universidad Nacional Autónoma de México; el segundo en Tijuana el 20 de mayo en la Universidad Autónoma de Baja California campus Otay y el ultimo en la ciudad de Mérida el 12 de junio en el Gran Museo del Mundo Maya. Los candidatos tendrán que debatir en su primer encuentro temas de corrupción e impunidad, seguridad pública y violencia, así como democracia, pluralismo y grupos en situación de vulnerabilidad; la segunda ocasión que se verán tendrán oportunidad de exponer sus propuestas en materias de comercio exterior e inversión, seguridad fronteriza y combate al crimen transnacional, sin faltar los derechos de los migrantes; por tercera ocasión se reunirán para tocar los temas de crecimiento económico, pobreza y desigualdad, también educación, ciencia y tecnología, desarrollo sustentable y cambio climático. Creo que el tiempo donde los partidos políticos condujeron las campañas electorales a fuerza de experiencia, golpes de intuición y mucho olfato político ya finalizó; y es que todos actuaban así, se trataba de una competencia igualitaria en la que podían triunfar quienes tuvieran más desarrolladas aquellas virtudes, hoy al reflexionar vemos el manejo de la comunicación como una de las variables de más peso tanto en el triunfo como en la derrota electoral, al fin y al cabo una elección es una instancia donde la clave pasa por convencer a sectores muy amplios de la sociedad; convencer, persuadir, entusiasmar, motivar, etc., como resulta obvio; nada de esto puede hacerse sin una buena comunicación. Pero comunicación objetiva, con propuestas concretas y acordes a nuestras necesidades sin ser propuestas espejo de otros países u otras economías, que no tengan implícito el desprestigio que no hace más que ensuciar al que lo intenta y a quien se dirige; lo visto hasta hoy en publicidad y redes sociales ha sido sucio, denigrantes y difamatorio, carente de pruebas, simplemente sacándose trapitos al sol. He ahí la importancia del objeto de los debates presidenciales, que se informe a la ciudadanía sobre las propuestas concretas de los candidatos para contribuir así en un ejercicio del derecho a la información y a la reflexión previa a la emisión del voto ciudadano, es por ello que todos los votantes tendremos que recurrir a la sindéresis, que no es otra cosa que la facultad de pensar con rectitud y lucidez, para juzgar correctamente; tendremos que ser sensatos para formar juicios y el debido tacto para emitir el voto, así como la virtud de expresar con agudeza, ingenio y reserva el sufragio. Quedo en espera de tres debates presidenciales dignos de los mexicanos. * El autor es presidente de la Comisión de Difusión del Instituto de Investigación Jurídica de la Universidad de la Californias Internacional.

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