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Columnas MIRADOR

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Subió a la cumbre por un sendero que sólo él conocía. Ahí miró un quiebro entre las peñas, y fue hacia él. Era una gruta. A la luz de la antorcha que llevaba vio el más grande tesoro que ojos humanos podían contemplar: monedas de oro y plata, gemas, perlas de raro brillo... Salió sin tomar nada, y con una gran roca tapó la entrada de la cueva a fin de que nadie, ni él mismo, volviera a entrar ahí. Cuando regresó a la aldea le preguntaron los vecinos: –¿Qué encontraste? Respondió: –Nada. Tiempo después volvió a la cumbre. En la mitad de la montaña vio un hilillo de agua en el que nunca había reparado. Escarbó y surgió la linfa. Bajo la tierra palpitaba un generoso manantial. Cuando volvió a la aldea le preguntó la gente: –¿Qué encontraste? Respondió él: –Un tesoro. ¡Hasta mañana!...

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