Columnas MIRADOR

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Este amigo mío es del tiempo en que en México no se movía la hoja de un árbol sin la voluntad del Presidente en turno. El PRI era también omnipotente. A quienes militaban en el PAN se les juzgaba tontos, y eso si se usa un eufemismo. La verdad es que eran apóstoles, pero nadie lo sabía, ni siquiera ellos. Los escasos miembros del Partido Comunista se movían en la clandestinidad, y al igual que los panistas eran huéspedes asiduos de la cárcel. Su delito: haber pegado propaganda en las paredes "sin permiso de la autoridad". Las cosas han cambiado. ¡Cómo han cambiado las cosas! Los comunistas desaparecieron, y se dice que el PRI está en vías de extinción. El PAN dejó de ser "el partido de la gente decente". Y hemos estrenado una rareza que se llama democracia, costosa, latosa y muy ruidosa. Vientos de fronda soplan en el país. ¿Vamos hacia el futuro? ¿Volveremos al pasado? Algo es seguro: las cosas ya no van a ser como eran antes. Las cosas nunca son como eran antes. Este amigo mío se alarma porque en el fondo de sí mismo siente lo mismo que sintió López Velarde después de la Revolución: "una íntima tristeza reaccionaria". ¡Hasta mañana!...

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