Columnas Historias de la creación del mundo

Mirador

Adán y Eva crecían, pero no daban trazas de multiplicarse. Tan inocentes eran que no sabían cómo se hace la multiplicación. Iban y venían por el Edén tomados de la mano, igual que si fueran hermanitos, y su único deleite era mirar las bellezas de la creación. La inocencia no es buena cuando se trata de perpetuar la especie. Para ese fin es necesaria la experiencia. Entonces el Creador hizo un ademán, y todos los animales empezaron a hacer lo que tenían que hacer para perpetuarse. El hombre y la mujer vieron aquello y sintieron algo que nunca habían sentido. Al punto ellos también empezaron a hacer lo que tenían que hacer para no dejar de ser. El Espíritu, intrigado, le preguntó al Señor: –¿Por qué les pusiste ese ejemplo a Adán y Eva? Respondió él: –Porque ya me anda por ser abuelo. ¡Hasta mañana!...

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