Columnas ¿Quiénes deben ser candidatos de Morena?

Mar de Fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Buena parte de los votos por Morena y Andrés Manuel López Obrador en Baja California en la pasada elección se fraguaron en el malestar social contra los gobiernos del PAN, pero especialmente contra el gobernador del estado Francisco Kiko Vega, sus alcaldes y diputados. Este malestar social empezó a incubarse desde mediados de su gobierno, pero cobró una fuerza inusitada a partir de enero de 2017 con la Ley del Agua aprobada por el Congreso, cuyo objetivo era privatizar el servicio del vital líquido. El movimiento contra la privatización del agua, incentivado además por los “gasolinazos” de enero de 2017, condujo a una de las mayores movilizaciones sociales que se hayan registrado en BC contra un gobierno, movilizaciones que se prolongaron no durante algunas semanas sino que se mantuvieron varios meses, y en las que se fueron agregando demandas diversas, entre las cuales cobró fuerza la renuncia del gobernador. Desde enero de 2017 hasta la fecha el cuestionamiento al gobierno estatal, a los municipales y a los diputados panistas, no ha cesado. Es obvio que gran parte de este malestar se canalizó hacia las urnas este primero de julio, dando el triunfo de manera aplastante a la alternativa que representaba López Obrador y no necesariamente a sus candidatos locales. De este movimiento social diverso que adquirió el nombre de “resistencia”, con diferentes apelativos, han surgido y se han formado varios líderes sociales en casi todos los municipios que, en los hechos, han encabezado la oposición a los gobiernos panistas en el último año y medio. Entre ellos, por mencionar a los más visibles, están Rigoberto Campos en el Valle de Mexicali y Armando Salinas, así como en el activismo más radical León Fierro, pero también desde el campo profesional está Daniel Solorio y desde el Congreso local está el papel que ha jugado el diputado Luis Moreno. Todos ellos, más otros que se me escapan en este momento, han enfrentado el acoso y el hostigamiento por parte del gobernador Kiko Vega, algunos incluso con la cárcel o el hostigamiento judicial. Ellos son los que han denunciado ante la opinión pública y en algunos casos ante las instancias debidas, la opacidad con que se ha manejado el gobierno de Vega en varios asuntos, especialmente en cuanto al servicio del agua potable y sus correlatos como son las plantas desalinizadoras en Playas de Rosarito y en Ensenada. En Tijuana también han surgido varios líderes sociales y políticos que durante todo este tiempo han venido denunciado la ineficacia y la opacidad del gobierno panista de la ciudad. Aquí podemos anotar al abogado Carlos Atilano, a la regidora Mónica Vega y en especial a José Ángel Peñaflor que, más que abogado, su perfil más sobresaliente es la de un líder social honesto, comprometido con la gente más humilde, con apoyo y consenso entre varios grupos para ser un candidato idóneo. Son estos líderes, más varios otros que existen, los que se merecen llegar al gobierno aprovechando el triunfo de Morena, pero sobre todo porque son ellos precisamente los que se vinculan y expresan el sentido político del voto que este partido ha recibido en las urnas en el estado. Para romper el molde de los métodos tradicionales de los partidos políticos que a la hora de seleccionar a sus candidatos a un puesto público se guían por el compadrazgo, el amiguismo o las cuotas y los acuerdos previos, Morena tendría que buscar un método innovador y democrático que corresponda a lo que representa AMLO y el sentido de cambio que propone. Cualquier otro candidato o aspirante que llegue de “afuera” al movimiento social que se ha gestado en BC desde hace año y medio, puede conducir a la desilusión del votante a corto plazo. Puede ser el caso de Jaime Martínez Veloz que se ha autodestapado para ser candidato al gobernador por Morena. Veloz ha estado vinculado a varios procesos políticos y electorales en BC, es cierto, pero no ha estado aquí durante los últimos cinco años y menos en todo el 2017. La base electoral o social de Veloz, que formó principalmente en los años 90 y en la que los recursos federales fueron determinantes en ello, ya no existe realmente. Veloz sería un candidato que llega de “fuera”, se monta en el movimiento social gestado aquí en los últimos tiempos y consigue ser candidato aprovechando su amistad con Jaime Bonilla. Lo puede lograr pero no corresponde a alguien con un pensamiento democrático. Debería dejar que sean los liderazgos nuevos los que encabecen la alternancia política que se avecina. Para Morena esta será la primera vez que va a elegir candidatos ya como partido en el gobierno. Debería hacer un intento por no repetir los mismos métodos viciados de los partidos (a los que reprobó el electorado por lo mismo). Debería nombrar candidatos por consenso, a partir de una deliberación abierta entre la sociedad, poniendo la muestra de cómo piensa gobernar. De lo contrario, sus candidatos pueden sembrar de nuevo y desde ahora la desilusión. El autor es analista político

Comentarios