Columnas AMLO va a ganar

Mar de Fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Objetivamente, AMLO va a ganar la elección presidencial este 1 de julio, al margen de si estamos de acuerdo o en desacuerdo con su triunfo. Pero incluso, como lo confirman algunos datos, puede ganar la mayoría de los Diputados y Senadores, algunas gubernaturas y varios municipios. El margen es bastante amplio en algunos casos, lo que habla de las características principales de esta elección y, por supuesto, del estado de ánimo que priva a nivel general. Un dato objetivo es que si bien todavía faltan 27 días para el fin de las campañas, y que podría haber algunos vuelcos en este lapso, lo cierto es que no hay un candidato contrario a AMLO que esté creciendo electoralmente. Por el contrario, tanto Anaya como Meade ya se estancaron y sus campañas han perdido trascendencia y contenido, es decir, ya dieron todo lo que tenían que dar. Por otro lado, tampoco tienen sustento las campañas de Meade y de Anaya que tratan de confundir a ciertos grupos de electores al afirmar que la elección “aún no está definida”, o de que “los votantes indecisos y los volátiles definirán el triunfador”, o también de que las encuestas electorales son imprecisas y engañosas. Hasta afirmar algo que es cierto pero impreciso si se descontextualiza, al sostener que AMLO ha sido el puntero en otras elecciones y, al final, ha perdido siempre. La diferencia con otras elecciones es que esta vez la ventaja de AMLO es más amplia que otras veces, oscilando entre los 18 y 20 puntos, lo que indica que la elección no está “reñida” o competida entre varios candidatos o partidos, sino que está claramente decantada hacia uno de ellos, en este caso López Obrador. Es decir, ya no hay un candidato que pueda ganarle a AMLO, como se quiere hacer creer desde los cuartos de guerra de la campaña de Anaya o de los de Meade. En cuanto a los electores indecisos o volátiles que pudieran inclinar la balanza, como se maneja por los detractores de López Obrador, hay que decir que nunca o muy pocas veces estos electores se distribuyen de manera masiva hacia un candidato, sino que lo hacen entre varias opciones. Incluso muchos indecisos terminan inclinándose por el candidato que va liderando las encuestas, que en este caso sería por López Obrador. O sea que por este lado tampoco hay nada. ¿Qué las encuestas son engañosas o no sirven para pronosticar quién ganará? Sí, así es, pero son un instrumento que bajo criterios probabilísticos intentan medir en un momento preciso las preferencias electorales de los ciudadanos. Las encuestas no pueden prever un cambio repentino en esas preferencias, así como tampoco pueden medir el sentir de los votantes que no responden o que ocultan su preferencia, pero, con todas sus deficiencias, ofrecen un mapeo más o menos certero de las inclinaciones de los ciudadanos, más cuando son sistemáticas. Otra razón fundamental para sostener que el triunfo de AMLO es casi seguro es que las campañas del miedo emprendidas tanto por el PRI como el PAN y ahora por la cúpula de los empresarios, han fracasado rotundamente. Estas campañas, impulsadas por los mismos actores de siempre, fueron determinantes en el pasado para inclinar la balanza electoral en contra de AMLO, especialmente porque su ventaja relativa con respecto a sus competidores era muy pequeña, a diferencia de ahora. La razón por la que no funcionan las campañas del miedo ahora es, justamente, porque la mayoría de los electores asimilaron o entendieron las enormes mentiras y amenazas en que están basadas estas campañas, muchas de ellas grotescas, rayanas en la caricatura o en un panorama apocalíptico y catastrófico que traería el triunfo de AMLO. Lo paradójico es que su efecto se traduzca en un reforzamiento de los votos por López Obrador. Hay muchas otras razones por las que se puede asegurar que AMLO ganará la presidencia este año. Una de las más importantes, creo, es porque esta elección se definió como un Referéndum hacia el gobierno de Enrique Peña Nieto y también contra lo que han representado el PRI y el PAN, sus acuerdos, sus pactos, que han llevado al desprestigio de la clase política en México. Así, de este modo, el país está a punto de vivir un parteaguas político de grandes consecuencias. AMLO es una incógnita en términos de gobierno y se desconoce el alcance de algunas de sus propuestas, muchas de ellas confusas y larvarias. Pero de ahí a creer o difundir que puede llegar el diluvio con su triunfo, o que el país puede retroceder aún más, es faltar a la verdad. Lo más importante ahora es vigilar que se respete la voluntad de la mayoría. El autor es analista político

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