Columnas Vivir sin agua

Jaque Mate

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"Miles de personas han sobrevivido sin amor, ninguna sin agua." W.H. Auden Ayer se quedó sin agua una parte importante del valle de México. La razón fue un corte total de la provisión del sistema Cutzamala. El corte se realiza para llevar a cabo un mantenimiento mayor en la planta número 5 de origen del Cutzamala: "Esta planta de bombeo -dice Roberto Ramírez de la Parra, director general de Conagua- tiene 30 años de funcionamiento y nunca ha tenido un mantenimiento mayor, y eso es lo que vamos a hacer, porque si falla, pararíamos totalmente el sistema Cutzamala." Podríamos estar tranquilos con esta información y pensar que el recorte no es más que una simple pausa indispensable para mantener un buen servicio en el futuro, pero sería engañarnos. El simple hecho de que una planta de bombeo no haya tenido mantenimiento mayor en 30 años es señal de lo que está mal con la forma en que nos estamos preparando para un futuro de escasez. En todo el mundo hay constantes trabajos de mantenimiento en los sistemas de agua, pero no se deja sin líquido durante varios días a una ciudad. En los últimos años, los gobiernos federales y locales han desviado una parte creciente del gasto público a obras de relumbrón, como distribuidores viales y segundos pisos, y a programas sociales, como los subsidios a personas de la tercera edad, que fomentan la lealtad política y compran votos. Se han abandonado, en cambio, los servicios públicos a los que no se les puede poner una placa del gobierno, como el bacheo, o la infraestructura subterránea, como la del agua, que no se puede ver. En la Ciudad de México y en muchos otros lugares del país los cobros no alcanzan a cubrir el costo real de extraer y distribuir el líquido. Los políticos establecen precios artificiales con el argumento de que el agua es un derecho humano y prometen que compensarán la pérdida de recursos con subsidios, los cuales nunca se materializan, por lo menos no en los montos necesarios para mantener las inversiones en los niveles adecuados para preservar y ampliar el servicio. Ésta es la razón por la cual la provisión de agua se ha venido deteriorando de manera constante en los últimos años en la Ciudad de México y en otros lugares del país. No hay visos de que las cosas vayan a mejorar; por el contrario, todo parece indicar que empeorarán. El calentamiento global probablemente hará que sea más difícil obtener agua para la agricultura y para consumo humano, pero la falta de inversión hará que los equipos de bombeo, las redes de irrigación, las potabilizadoras, las tuberías y las plantas de tratamiento pierdan capacidad y se descompongan con mayor frecuencia. Ya las fugas desperdician el 40 por ciento del agua en la Ciudad de México. Las malas políticas públicas acelerarán el proceso. La nueva Constitución de la Ciudad de México ha prohibido la inversión privada en el manejo y mantenimiento de las redes de agua. El resultado ha sido la cancelación de obras de reparación, prevención y mejora que iban a ser realizadas por empresas privadas. Martí Batres de Morena, hoy presidente del Senado, ha presentado una iniciativa para extender esta prohibición a todo el país e impedir la inversión privada en cualquier trabajo que tenga que ver con el agua, como si tuviera sentido evitar la inversión en el producto más necesario de todos. Parecería que la nueva clase política tiene un interés especial en aumentar el problema de la falta de agua en nuestro país. Negativa Fitch Ratings bajó ayer la perspectiva de la economía mexicana de estable a negativa. La promesa de invertir en refinerías y dejar de exportar crudo de Pemex y la cancelación del aeropuerto de Texcoco han incidido en la decisión. La medida se reflejará en mayores pagos de interés por las deudas del gobierno y las empresas de nuestro país. *El autor es periodista y analista político/ comentarista de televisión.

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