Columnas Sembrar árboles

Jaque Mate

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"Las buenas intenciones no te dicen nada acerca de las consecuencias reales." Thomas Sowell ¿Qué programa puede ser más noble que plantar árboles? Cuando un gobernante quiere generar una imagen positiva, siembra árboles frente a las cámaras. Así lo hacía Felipe Calderón, con su programa favorito, ProÁrbol. Hoy el proyecto está siendo recuperado por Andrés Manuel López Obrador. Con el lema de que "el campo es la fábrica más importante del país", el presidente electo presentó el 8 de octubre Sembrando Vida, uno de "los 25 proyectos prioritarios nacionales" de su próximo gobierno. El objetivo, dijo, es plantar un millón de hectáreas de árboles frutales en el sur y sureste del territorio nacional, mezclándolos con cultivos de ciclo corto, como frijol o calabaza, "como se ha hecho desde hace siglos en el campo, con esa tecnología tradicional que le ha dado de comer por muchos siglos a los mexicanos". Calderón lanzó ProÁrbol y en 2007 su gobierno sembró 251 millones de árboles. El presupuesto de la Comisión Nacional Forestal, la Conafor, pasó de 2 mil millones de pesos en 2006 a 4,500 millones en 2007 y 2008. Una parte importante del recurso se dedicaba, como hoy propone López Obrador, a pagar a la gente del campo para cuidar los árboles. En 2011 Calderón declaraba que ya habían sido sembrados 1,150 millones de árboles y añadía: "El gobierno paga a los campesinos, comuneros y ejidatarios entre 700 y 5,000 pesos por hectárea al año para cuidar aproximadamente dos millones de hectáreas de selvas y bosques en los que habitan a cambio de que no talen, lo que, según el Banco Mundial, ubica a México como el país como el país con el programa de servicios ambientales más grande del mundo." El programa de Calderón fue cuestionado severamente por Greenpeace, que advirtió que un 90 por ciento de los árboles perecerían. La Conafor argumentaba que el porcentaje de sobrevivencia era de 54.9 por ciento, pero la verdad es que la información disponible no permite saber qué tan bueno fue ProÁrbol. Las cifras oficiales señalan que entre 2000 y 2005 se perdieron 250 mil hectáreas de selvas y bosques por año en el país, pero para 2006-2010 la cifra aparentemente se redujo a 155 mil. Greenpeace, sin embargo, cuestionaba estos datos y afirmaba que las pérdidas anuales eran de 500 mil hectáreas anuales. ProÁrbol no ha desaparecido, pero sí se le han recortado recursos. Ahora López Obrador busca redimensionarlo con un nombre diferente. El programa ha sido presentado por la futura secretaria de bienestar (hoy desarrollo social), María Luisa Albores, lo que significa que el énfasis cambiará de ecológico (Conafor está en Semarnat) a subsidio social. Pero el tema de fondo sigue siendo el mismo: qué tan costoso y útil es el programa. En la presentación de Sembrando Vida se señaló que la inversión sería superior a los 12 mil millones de pesos, pero no hubo siquiera cuidado en cuadrar las cifras. Nos dijeron que se pagarán jornales de 5 mil pesos mensuales (casi dos veces el mínimo) a 500 mil campesinos, lo cual suma cuando menos 30 mil millones de pesos al año, sin considerar gastos administrativos. Es una cantidad enorme para un programa que no garantiza resultados. Nos han enseñado que sembrar árboles es bueno, por eso lo hacen los políticos. Sin embargo, hemos visto tantos esquemas que al final fallan que sería bueno evaluar primero los logros y fracasos de ProÁrbol, ya que Sembrando Vida no hace más que multiplicar sus gastos. Autismo y educación La segunda sala de la Suprema Corte respaldó un proyecto del ministro Alberto Pérez Dayán que impide excluir del sistema educativo general a alumnos con discapacidad, en particular autismo. La decisión ha generado cuestionamientos, pero desde el punto de vista legal es inevitable. La Constitución prohíbe la discriminación. De ahí la unanimidad del fallo. *El autor es periodista y analista político/ comentarista de televisión.

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