Columnas Razones del aeropuerto

Jaque Mate

Por

"La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas" W. Somerset Maugham A veces se olvidan las razones por las que estamos construyendo un nuevo aeropuerto. La primera es que el actual no solo está saturado sino rebasado; fue diseñado para manejar 32 millones de pasajeros al año, pero en 2017 registró 44 millones y este 2018 alcanzará 48 millones. La segunda es que un nuevo aeropuerto con mayor capacidad puede convertirse en un hub internacional, un centro de conexiones que aumente la competitividad de la industria aeronáutica nacional y del país en general. Esto significaría la creación de miles de empleos, no solo en el aeropuerto, sino también en las aerolíneas y otros campos de actividad. El aeropuerto de Texcoco cumple ampliamente con el objetivo de ampliar la capacidad. En su primera etapa podría manejar 70 millones de pasajeros. Cuando esté completamente desarrollado, llegará a 125 millones. Llenará las necesidades previsibles de la industria aeronáutica durante buena parte de este siglo XXI. ¿Y la combinación de Santa Lucía con el actual aeropuerto de la Ciudad de México? No sabemos. La corporación Mitre ha señalado que habría interferencias en las rutas de vuelo, pero no queda claro qué tan graves serían. He escuchado opiniones que señalan que la suma de los dos aeropuertos no podría manejar ni siquiera los 32 millones de pasajeros para los que está diseñado el AICM; estaríamos invirtiendo en un nuevo aeropuerto para disminuir la capacidad total. Otros afirman que la capacidad combinada sí sería superior a la actual, aunque no por mucho. Habrá que esperar al estudio que el futuro secretario de comunicaciones y transportes, Javier Jiménez Espriú, ha pedido a la Organización de Aviación Civil Internacional. El objetivo que no puede cumplir el uso conjunto de dos aeropuertos es el de conectividad. Será difícil que un pasajero de Torreón o Guatemala vuele al actual AICM para tomar un autobús que lo lleve a Santa Lucía, en dos o más horas, y tome después un vuelo a Nueva York o París. Las conexiones se harán a través de Houston, Miami o Panamá, pero no de un sistema de aeropuertos sin conectividad. Los centros de conexiones son un excelente negocio. Por eso los aeropuertos de Heathrow en Londres, Schiphol en Amsterdam, Charles de Gaulle en Paris o Francfort se pelean el privilegio de manejar los vuelos de conexión que pasan por Europa. En Panamá, el aeropuerto internacional de Tocumen registró 15.6 millones de pasajeros en 2017, casi cuatro veces la población total del país de 4 millones, y busca ampliar el número a 25 millones con una ampliación ya en proceso. La conectividad que ofrece Tocumen ha permitido que Copa Airlines, la aerolínea panameña, haya transportado 13.5 millones de pasajeros en 2017, un crecimiento de 7.1 por ciento sobre el año anterior, con 100 aviones y 8,069 empleados, cifras impresionantes para una aerolínea de un país tan pequeño como Panamá. El aeropuerto de Texcoco ofrecería la conectividad que permitiría detonar un aumento significativo del tráfico aéreo con la creación de empleos en tierra y en las aerolíneas. Tener dos aeropuertos eliminaría la posibilidad de generar un hub, lo que significaría una pérdida importante de conectividad, competitividad y generación de nuevos empleos. No se está discutiendo la simple ubicación de un aeropuerto, sino la eliminación de un cuello de botella para el desarrollo del país. La decisión no solo afectará a quienes vuelan, sino a toda la economía. Solo indígenas La Organización Pueblos Unidos contra el Nuevo Aeropuerto sí quiere una consulta, pero no con toda la población. César Sandino Rivero dice que solo deben ser consultadas las comunidades indígenas. Tenemos leyes, dice, que dan derecho a la consulta solo a los pueblos originarios. El autor es periodista y analista político/ comentarista de televisión.

Comentarios