Columnas Entre venenos

Ideas y Palabras

Por Denise Dresser

Pásele usted al bar de la Cuarta Transformación. Siéntense, póngase cómodo y pida un coctel. Solo una advertencia: aquí nada más se puede elegir entre dos tipos de venenos. Cicuta o estricnina. Arsénico o cianuro. Monóxido de carbono o amanitina. Aquí no se sirve agua fresca; siempre se coloca al comensal en la incómoda posición de escoger entre opciones tóxicas. O la imposición autoritaria del NAIM en Texcoco o la opción técnicamente inviable en Santa Lucía. O el ecocidio producido por pistas en el lago o el ecocidio producido por trenes en la selva. O las elecciones caras e imperfectas llevadas a cabo por el INE o las consultas baratas y fársicas realizadas por la Fundación Rosenblueth. O el capitalismo de cuates peñanietista o el capitalismo de cuates lopezobradorista. O la comentocracia chayotera del viejo régimen o la comentocracia acrítica de la desdemocratización. Si como escribiera Daniel Cosío Villegas, todo Presidente tiene un "estilo personal de gobernar", el de AMLO y Morena es ofrecer falsas disyuntivas. Como la que se fue construyendo en torno a la consulta del aeropuerto. Oponerse a ella era estar en contra de la democracia participativa y a favor de la decisión unilateral. Cuestionarla era rechazar la auscultación ciudadana y abrazar el elitismo prianista. Señalar un mecanismo deficiente era convertirse automáticamente en enemigo, cuando el problema no era la consulta en sí, sino cómo fue instrumentada. Dejó dudas legítimas en torno a su representatividad, su imparcialidad, sus garantías de limpieza. Encendió focos rojos por los sesgos que evidenció, la selección partidizada de casillas que reveló, la manipulación de las preguntas que avaló, la información incompleta sobre Santa Lucía que ocultó. AMLO/Morena nos colocaron en una dicotomía innecesaria: votar en una consulta indefendible que por su "alegalidad" no podía ser vinculante o correr el riesgo de que ganara una opción técnicamente incapaz de serlo. El gobierno entrante no contempló la alternativa de instrumentar un mecanismo de democracia participativa sin mañas y con candados. No sopesó la posibilidad de denunciar al NAIM por sus fallas evidentes -corrupción, cuatitud, sobrecostos- y buscar cómo componerlo. La orden fue acostumbrarse a esta mala manera de hacer las cosas. Ganamos con 53 por ciento del voto, cállense. Solo que según la práctica democrática, 30 millones de votos dan legitimidad; no acreditan acciones improvisadas ni evasiones a la ley ni violaciones a la normatividad ni actitudes autoritarias ni adecuaciones a modo de la Constitución. La diseminación de una narrativa en la cual -ante la podredumbre del pasado- debemos aceptar cualquier cosa que la 4T ofrezca nos regresa a una era pre-transicional que pensábamos superada. Coarta la posibilidad de la crítica constructiva, suplanta el análisis con el proselitismo, impide debates honestos basados en evidencia, datos y argumentos. Cuando ante cualquier señalamiento la respuesta es "prefieres la imposición autoritaria" o "la app del INE era peor" o "por lo menos los cuates del AMLO son otros cuates", se vuelve imposible componer lo que no funcionaba y sustituirlo por algo mejor. La pésima manera de hacer obra pública en México no se corrige vía consultas mal diseñadas, que después son defendidas como "sondeos informales perfectibles". Los errores del INE no justifican los errores de la consulta. Los equívocos del PRIAN no justifican los errores de Morena. El comportamiento condenable de las instituciones no se resuelve ignorándolas o brincando por encima de ellas. Existen otras vías de cambio que no implican recurrir a las falsas dicotomías. Existen otros mecanismos de corrección distintos al "mayoriteo neodemocrático" que ignora la legalidad o sustituye las licitaciones competidas por las adjudicaciones directas o descalifica a los que piensan distinto como "adversarios" o amenaza con cambiar la Constitución si resulta incómoda. No hay solo dos sopas como se nos hizo creer en los setenta cuando Carlos Fuentes sentenció "O Echeverría o el fascismo". No deberíamos estar obligados a elegir entre la toxina de la democracia disfuncional o el veneno de la democracia plebiscitaria; entre el estatismo nacionalista o el neoliberalismo rapaz. Hay una tercera opción: encontrar entre todos un antídoto a las conductas anti-democráticas en todas sus encarnaciones. Curarnos. ATICO Denise Dresser AMLO y Morena ofrecen falsas disyuntivas. No se trata solo de dicotomías, busquemos el antídoto. *- La autora es investigadora universitaria, comentarista editorial.

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