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Columnas Astronomía en el descubrimiento del Nuevo Mundo

Frontera Astronómica

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MARCO ARTURO MORENO CORRAL El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo, en parte gracias a sus conocimientos astronómico. Con frecuencia sigue afirmándose que antes de él, se pensaba que la Tierra era plana, lo que es incorrecto, pues desde el siglo II a. C., el astrónomo griego Eratóstenes, mostró que era esférica, determinando su circunferencia a partir de mediciones astronómicas, la que estimó en cuarenta mil quinientos cuarenta y seis kilómetros, valor muy cercano al determinado actualmente con tecnología moderna. Los tratados sobre Astronomía escritos desde entonces como el Almagesto de Tolomeo, consideraron efectivamente a la Tierra como una esfera. Lo que en realidad afirmó Colón fue que, debido a esa esfericidad, era posible viajar desde Europa a las “Indias”, navegando hacia el oeste por el océano Atlántico. Es importante señalar que la circunferencia terrestre que Tolomeo y sus seguidores consideraron, fue significativamente menor al valor obtenido por Eratóstenes, lo que llevó a Colón a pensar que la distancia entre las costas europeas y Asia era más corta de lo que en realidad es; eso le dio viabilidad a su proyecto de cruzar el Atlántico, resultando de ese error, el descubrimiento de todo un continente no registrado por los geógrafos de la Antigüedad y de la Edad Media, hecho trascendental que en muy pocos años cambio radicalmente la idea que se tenía del mundo, propiciando el surgimiento de nuevo conocimiento, que finalmente condujo a la ciencia como ahora la conocemos. Colón no adquirió sus conocimientos astronómicos asistiendo a ninguna universidad, los obtuvo en su trato con “gente sabia” y en la práctica que desde joven tuvo como marino y navegante. Algunos que lo conocieron, han afirmado que “en navegación fue extremadamente diestro; no tanto, pero en grado suficiente, en astronomía y geometría”. Uno de ellos, Bartolomé de las Casas dijo “creemos que Cristóbal Colón en el arte de navegar excedió sin duda a todos cuantos en su tiempo en el mundo había”. Colón se estableció en Lisboa en 1476, trabajando como agente comercial, aunque dedicó parte de su actividad a elaborar mapas, entrando en contacto con navegantes portugueses que exploraban las costas africanas. En aquella época la Astronomía era fundamental para la navegación. Con instrumentos como el astrolabio, la ballestilla, el reloj de arena, el cuadrante y el nocturnal, los marinos determinaban a partir de la observación de los astros, el tiempo y la posición que su barco tenía en el mar, lo que era esencial si querían seguir una ruta trazada que llevara de un puerto a otro. El uso de esos instrumentos implicaba conocer bien las estrellas de la bóveda celeste, pero además era necesario realizar diversos cálculos, que como resultado les dieran la información necesaria para establecer la hora del día o de la noche y las coordenadas geográficas de su nave. Esto se hacía utilizando textos llamados Efemérides que contenían datos como la salida y puesta del Sol, el ciclo lunar, posiciones de las estrellas y los planetas, así como la ocurrencia de eclipses. Se sabe que Colón conocía esas publicaciones, porque fue capaz de aprovechar la información de la que llevó en su cuarto viaje al Nuevo Mundo, que tenía los datos sobre el eclipse total de Luna del 29 de febrero de 1504, que hábilmente usó cuando se hallaba en Jamaica en situación muy precaria, para impresionar a los nativos y conseguir los víveres que él y sus acompañantes necesitaban después de naufragar. Sin duda, esa fue una de las primeras aplicaciones de la ciencia astronómica que los europeos hicieron en América. El autor es investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, campus Ensenada.

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