Columnas Barbarie en México

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Por Alfredo Alvarez

Lo ocurrido en Puebla con el linchamiento de dos campesinos acusados –sin pruebas– de haber robado niños es aterrador. Los quemaron vivos mientras aplaudían creyendo hacer justicia, pero eran inocentes; no es la primera vez que sucede en México. Tampoco será la última. Muchas voces dicen que se trata de una reacción del hartazgo del mexicano ante la impunidad, estudiosos dicen que solo es parte del problema y explican sus motivos para tal conclusión. Lo cierto es que los casos van en aumento alarmantemente. Primero: Los gobiernos no atienden la emergencia de forma oportuna cuando está ocurriendo, la turba inspirada en la impunidad y los crecientes niveles de criminalidad no cree en las instituciones Segundo: Las sedes con más casos de linchamiento en México no son las que tienen más índices de crimen en el país, pero sí han visto incrementar los delitos sin atención de las autoridades. También hay una disparidad en el perfil de las ciudades, puesto que por un lado están comunidades rurales de Puebla y por otro la enorme y urbanizada Ciudad de México como lugares uno y dos de la lista. Tercero: No se han identificado a responsables y mucho menos castigado, dejando así abierta la venta de impunidad ante el castigo violento e ilegal contra presuntos delincuentes. Si matas a un criminal debes ser castigado y más todavía si matas a quien creías culpable de algo horrendo y no lo era, como ha estado pasando en México. Cuarto: No hay un protocolo oficial de cómo actuar en caso de un fenómeno de turba enardecida, los policías quedan expuestos a ser agredidos y superados por la bestialidad colectiva, por ello es que no van a actuar, por lógicas razones. Quinto: Los linchamientos exhiben la fragilidad del estado de derecho, es una agravante cuando son recurrentes y otra peor cuando quedan impunes. Todo eso está pasando en el país. Si aun los sistemas judiciales más avanzados se han equivocado dejando a reos por décadas en la cárcel, peores cosas debemos esperar cuando el ajusticiamiento es brutal y se resuelve en solo dos minutos. La turba enardecida no entiende razones, pero debemos ser categóricos: La ejecución sumaria jamás debe verse como un acto de justicia, sino como una trasgresión a todo precepto ético, moral, religioso y legal. Al menos ya di una opinión como muchas que se leerán por ahí, ahora nos preguntamos: ¿Está haciendo algo el Estado mexicano para evitar que la barbarie crezca? La respuesta es tan grave como el linchamiento mismo: No. *El autor es periodista con 25 años de carrera, ha encabezado noticieros en la televisión internacional; ganó el premio Nacional de Periodismo

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