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"Por el derecho a la libertad de expresión" Desde la preparatoria se conocieron e iniciaron una amistad que ya lleva varias décadas. Algunos de ellos estaban casados, otros solteros y otros fueron contrayendo nupcias y creando hijos. Los hijos se comenzaron a llamar primos y los papás amigos, se convirtieron en tíos y tías. De esta manera el núcleo que los unía se fortaleció y la camaradería se convirtió en hermandad. La Bola, como les gusta nombrarse, es un grupo fuertemente unido por la amistad que han ido acumulando experiencias y alegrías juntos y, ahora, los une la tristeza y la desesperanza: Uno de los vigorosos pilares del grupo, Óscar Antonio Torres Dunstand dejó de existir después de una corta y dolorosa lucha contra el cáncer. Deja a su esposa Alma, a su hijo Óscar, su hija Victoria y, también, a sus amigos consternados. Inicia con esa fatalidad una nueva época para la cofradía: La disminución de sus integrantes por defunciones. En esta época tan difícil para nuestro país, cuyas características principales son la corrupción gubernamental, la inseguridad, la violencia social y la excesiva oferta y demanda de drogas ilegales, lo que se espera es encontrar una sociedad atomizada luchando por sobrevivir y, actuando egoístamente con el resto de la gente. Sin embargo, este grupo de entrañables amigos de La Bola se han conservado unidos y, al parecer, así terminarán protegiéndose y disfrutando felices y articulados sus vidas. El Estado como la entidad más fuerte del México no ha sido capaz de darle seguridad, certeza ni solidaridad a las familias. Es por lo que surgen de manera espontánea comunidades como La Bola, que resuelven las carencias emocionales que, como nación, no hemos podido satisfacer. Los funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno, enfrascados en la lucha por el poder y los recursos financieros olvidan su tarea principal que es, darles beneficios a los ciudadanos. Por eso surgen alientos ciudadanos para aliviar estas carencias. Esta es la parte más admirable de La Bola, la capacidad que tienen para fortalecerse internamente; la forma cómo resuelven en comunidad sus diferencias y sus problemas más importantes. La discusión de las ideas, de los proyectos y de actividades de cohesión de la amistad que este extraordinario grupo practica, redundará inevitablemente en sus hijos quienes duplicarán las acciones de sus padres. La Bola sin Óscar será diferente. Uno de sus miembros se va y deja un espacio vacío que solo llenará la convivencia del resto de sus integrantes. La tristeza les llegará cíclicamente y la depresión será parte de las experiencias y emociones cotidianas con las cuales lidiarán. Sin embargo, el grupo tiene una ligazón indestructible: La fuerza de la amistad y el objetivo de preservar la unión familiar que se ha ido creando, hasta el fin de los siglos. Así debería formarse y comportarse las comunidades que se crean en nuestra sociedad. No hay otra respuesta contra la vacía actitud de los funcionarios electos. La Bola busca el beneficio de todos sus integrantes, mientras que el gobierno solo ha servido para enriquecer a baquetones. Vale. * El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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