Columnas La tarea del dueño nunca termina.

Dueñez empresaria

Por Carlos Dumois

El encuentro con este empresario sudamericano fue de un diálogo de gran riqueza. Se compartieron, sin ponernos de acuerdo, valores e ideales en campos de interés afines. Fundó su empresa hace más de 40 años, partiendo de cero y sin recursos. Su empuje lo mantuvo durante muchos años operando su pequeño negocio en mares turbulentos de gran incertidumbre. Pronto manifestó su intención global buscando mercados internacionales. Después de unos 15 años, al llegar a una masa crítica suficiente, contrató asesores que le ayudaron a proyectar el crecimiento y a iniciar el proceso de institucionalización. Contrató entonces un equipo gerencial de mayor calibre para que lo acompañara en una nueva etapa de desarrollo. Los siguientes 10 años fueron cruciales para el desarrollo tecnológico de la compañía. Adquirieron durante ese tiempo capacidades competitivas cruciales para fabricar productos de más complejidad y mayor valor agregado. Esto detonó el crecimiento y facilitó la diversificación. Los hijos empezaron a participar en el negocio desde muy jóvenes. Uno a uno fueron compenetrándose de las diferentes partes del negocio y cultivaron su amor por el mismo. El mayor no demoró en demostrar sus talentos. Se casó y se fue a estudiar un MBA a los Estados Unidos. Al regresar pudo absorber crecientes responsabilidades en la organización. La hija mayor también se preparó y desempeñó diversas funciones hasta que llegó el momento de casarse. Los menores siguieron más o menos el mismo camino que su hermano. Durante ese tiempo este empresario supo buscar ayuda profesional para cada uno de los temas que se le fueron presentando en distintos ámbitos de su quehacer empresario. La empresa brincó de dimensión para llegar a varios cientos de millones de dólares. Su rentabilidad le ha permitido adquirir deudas en diversas formas para poder equiparse y crecer. La buena gestión financiera les ha dado salud y tranquilidad desde hace años. En los últimos años este grupo ha seguido creciendo. Lo conforman tres plantas y cinco divisiones de negocio en sendos segmentos industriales. Las perspectivas son tan halagüeñas que algunas corporaciones multinacionales les han hecho interesantes ofertas de compra y de alianzas estratégicas. Podrían irse al mercado de valores en el momento en que quisieran hacerlo. Desde hace tiempo recibieron ayuda para hacer su Protocolo Familiar, y conformaron un Consejo de Administración con la participación de los hijos y de varios consejeros externos de alto calibre. El Consejo ha ayudado a institucionalizar aun más la empresa y a tomar decisiones estratégicas relevantes. Crearon una fundación para fines filantrópicos que está promoviendo obras y proyectos de enorme valor social. Esta fundación también ha recibido asesoría especializada y se está organizando profesionalmente para seguir creciendo en dimensión y en calidad de resultados. Recientemente el hijo mayor fue nombrado Director General del grupo y está tomando las riendas. El estira y afloja natural con su padre impulsa el proceso de sucesión. El hijo está renovando el equipo de ejecutivos para que lo acompañe en esta nueva etapa de la vida de la compañía. Hoy reciben ayuda profesional en temas de planeación estratégica, desarrollo organizacional, recursos humanos y en otras áreas. Tienen un Consejo de Administración de primer nivel, una sólida armonía familiar y un proyecto de futuro ambicioso. Al terminar su historia pensé que este empresario me diría que ellos han madurado como negocio familiar y que por ahora no requieren de ninguna ayuda. Grata fue mi sorpresa cuando empezó a indagar con serio interés cómo podríamos ayudarles a fortalecer sus procesos de Dueñez Compartida y a mejorar la gestión del valor en su grupo. Éste es un dueño proactivo. Yo diría que ejemplar. No ha cesado de buscar cómo crear más riqueza, y ahora cómo heredar a sus hijos la capacidad de continuar haciéndolo juntos. No dudo que trabajaremos muy bien con ellos y que podremos acompañarles en crecer como dueños. *- El autor es Presidente y Socio Fundador de CEDEM. Nota: “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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