Columnas Dueñez en la innovación

Dueñez empresaria

Por Carlos Dumois

"Consolidar desempeños mediocres en el mercado no es el camino; aprendamos a ser mejores dueños" El emprendedor innova por naturaleza, crea nuevos productos, procesos, ofertas. El dueño aprovecha esas innovaciones para convertirlas o integrarlas en fórmulas de negocio exitosas. El éxito de esas fórmulas sólo se mide de una forma: por el valor que son capaces de crear. Innovar es el final del día, crear una nueva manera de generar valor. Para innovar es imperativo construir condiciones de desequilibrio con respecto a la situación consolidada. Es decir, la innovación exige destruir el equilibrio de la consolidación. El maestro Peter Drucker llegó a decir: “Se puede consolidar sólo lo que ya se ha hecho. Sin embargo, para crear el futuro siempre se requerirá ir más allá de lo que se ha hecho en el pasado”. El innovar implica poner en riesgo todo el sistema de creación de valor de la empresa; por eso la responsabilidad de su gobierno tiene que llegar hasta las esferas del dueño. ¿Y qué significa gobernar el proceso de innovación? Joe Tidd, John Bessant y Keith Pavitt, en su libro “Managing Innovation” proponen que la innovación es un proceso medular que consiste en revisar lo que la empresa ofrece al mercado y las formas como genera ese ofrecimiento. Ellos proponen cuatro fases. Primero: monitorear y explorar los ambientes competitivos cercanos y remotos en donde puedan presentarse oportunidades para la compañía. Esta trascendente labor, si la realizan los que operan nuestros negocios “consolidados”, pueden distraerse y dispersarse de lo que les toca hacer. Es el dueño a quien le corresponde asegurarse de que la búsqueda de espacios nuevos para generar valor se esté dando. Es él quien tiene que garantizar la renovación incesante de la oferta al mercado y su superioridad ante los ojos de ese mercado. Segundo: seleccionar las oportunidades de innovación. Ni la más poderosa organización cuenta con recursos ilimitados. No se le puede apostar a todo. La clave, una vez más, se encuentra en la concentración. El dueño es quien define los campos de acción y diversificación donde la empresa puede apostar su futuro. Tercero: asignar recursos a las alternativas elegidas. Ésta es la parte que más Dueñez exige. Dotar de los elementos requeridos para que una nueva aventura prospere pide tener muy claros los riesgos, los tiempos y, sobre todo, los beneficios involucrados en el proyecto. Si se trata de nuevos productos, mercados, aplicaciones, tecnologías, es crucial estimar lo que está en juego y saber aportar las inversiones a tiempo para que se optimicen las posibilidades de éxito. Mucho más crítico aun es hacer estas estimaciones cuando se trata de nuevas fórmulas de negocio donde el futuro de toda la organización se pone en entredicho. También es determinante saber cuándo ponerle un tope al riesgo y decidir que ya es momento de abandonar la aventura. Cuarto: implementar la innovación. Dar seguimiento a las distintas etapas de concepción, análisis, planeación y lanzamiento de nuevos negocios, productos o servicios pide del dueño su exigencia y compromiso cabal. La tibieza en la puesta en marcha de los proyectos de innovadores puede determinar su éxito o fracaso. Podríamos incluir, dicen estos expertos, una quinta fase en los procesos de innovación. Diríamos que ésta es la fase de reflexión y aprendizaje. Aquí es donde evaluamos cómo estamos manejando la innovación en nuestra empresa. Las empresas innovadoras pueden serlo porque se encontraron a un ejecutivo emprendedor. Tampoco podemos esperar que la suerte nos ayude. La Dueñez efectiva de un empresario comprometido es la que hará la diferencia. El rol de dueño en la innovación no es la del emprendedor que propone continuamente nuevas alternativas. No es la del inversionista que espera que el viento a favor le traiga buenas oportunidades. El dueño es el gobernante de la innovación. Él es quien responde por que su compañía siempre se mantenga construyendo las nuevas avenidas de creación de valor. Consolidar desempeños mediocres en el mercado no es el camino, aprendamos a ser mejores dueños. *El autor es presidente y socio fundador de Cedem.

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