Columnas Los grandes debates en la historia

Casillero

Por Ignacio Calderón Tena

“Las ideas no son responsables de lo que los hombres hacen de ellas.” Werner Karl Heisenberg En sus orígenes se argumentó que eran útiles para que los candidatos expusieran sus programas y que los electores eligieran con conocimiento. También se ha dicho que sirve para que los indecisos dejen de serlo, sin embargo, poco de esto se cumple a cabalidad. A lo largo de la historia, ha habido importantes debates y uno de ellos fue el que protagonizaron en 1960 los candidatos Nixon y Kennedy en Estados Unidos y que tuvo la peculiaridad de ser el primero en transmitirse por televisión. Llama la atención que quienes lo escucharon por la radio, opinaron que Richard Nixon ganó el debate, sin embargo, los que lo vieron en televisión (74 millones de personas), opinaron que Kennedy había triunfado. La razón tiene que ver con el hecho de que el candidato Nixon tenía una lesión en la rodilla, cuestión que lo hacía verse cansado, molesto e incluso nervioso, mientras que Kennedy se veía más relajado y seguro al contestar las balas que le propinaba su oponente. Al final el resultado en las urnas le dio la victoria al candidato Kennedy, quien obtuvo el 56 % de los votos, contra 40% de Nixon. La comunicación no verbal influyó en el elector que gracias al invento de la televisión pudo ver de cerca a los candidatos y tomar su decisión. En Brasil, desde 1960 se organizan debates, pero hay uno tradicional que es el de la cadena O Globo, que concluye justo al arrancar la veda electoral, lo que lo hace el más importante y decisivo. En México, la historia de los debates es reciente, remontándose a 1994, cuando participaron los candidatos Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas. En aquella ocasión quien ganó fue el candidato de Acción Nacional, que le propinó severos golpes al Dr. Zedillo al mencionarle: “Doctor Zedillo: sabemos que usted es un buen chico, el chico de los dieces, pero en democracia usted reprueba. Usted está aquí producto de dos tragedias: por una parte, la muerte de Colosio y por otra, la segunda designación presidencial. La primera lo rebasa, la segunda lo descalifica…” Pasado el debate se dio aquel misterioso ostracismo que lo hizo perder lo ganado en el debate. Los demás debates han sido desangelados, llamando la atención el del 2012 en que quien robó cámaras fue aquella voluptuosa edecán que robó la atención de los candidatos. El realizado este domingo se caracterizó por el intento de todos los candidatos por desbarrancar a un López Obrador, que solo se limitó a su famoso: “amor y paz”, un poco porque el debate de altura no es lo suyo y otro tanto porque no le convenía enfrascarse y perder la ventaja que le dan las encuestas. Los medios han reportado que fue visto por 11 millones de personas, muy pocos considerando los 74 millones que vieron el de Kennedy en 1960. * El autor es asesor empresarial en cabildeo

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