Columnas No echar las campanas al vuelo por Tlcan

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Por José Luis Contreras

En mi columna anterior trataba el tema de la intensificación de las acciones en torno al acuerdo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ante las prisas y el privilegio de la política sobre la economía, se habían apresurado tanto que, considero, se están cometiendo algunos errores que pudieran tener un costo alto para nuestra relación comercial con otros países. Es un hecho que la habilidad de los negociadores por la parte norteamericana y las prisas por llegar a un acuerdo antes del mes de noviembre, como lo señalo recientemente el canciller Luis Videgaray, dio como resultado un pacto que si no nos es muy favorable, no nos deje fuera del tratado. Esas posiciones, considero desesperadas por llegar a un acuerdo, independientemente de las condiciones, es lo que permitió al Presidente norteamericano meter a los mexicanos en su dinámica y llegar a reglas de operación que desde un principio él había anunciado. En el ramo automotriz se concede en este acuerdo bilateral entre Estados unidos y México, incrementar el contenido de 62.5% a 75% de componente norteamericano, lo cual obviamente desfavorece a México, o visto de manera simple como lo explica el presidente Trump, como ganadores y perdedores, es una derrota para el equipo mexicano y un triunfo para los norteamericanos. Otro gran tema era si el acuerdo es trilateral, es decir que siga involucrando a Canadá, Estados Unidos y México, mientras el presidente norteamericano siempre señaló su interés de que las negociaciones fuesen por separado. México cedió en este tema y ahora llegó a acuerdos al margen de Canadá, que discutirá sus reglas por separado. Hay mucha confusión respecto de si hay acuerdo o no hay acuerdo listo para la firma. Si el presidente Trump tiene la capacidad legal para llegar a estos acuerdos o no, o si requiere de la autorización del Congreso norteamericano. Lo que sí es un hecho es que el presidente Trump logró hacer de un tratado trilateral un acuerdo entre dos partes, es decir, bilateral, porque ahora, si no convienen a los intereses del Presidente norteamericano las condiciones que pongan los canadienses, no se avanzará con ellos y el acuerdo comercial será sólo entre México y Estados Unidos. La exclusión de Canadá, lo mencionaba en una de mis colaboraciones anteriores, no le conviene a México, porque si bien es cierto que el mayor intercambio comercial lo tenemos con Estados Unidos, en los últimos cinco años el intercambio comercial con los canadienses se ha venido incrementando, fundamentalmente en el ramo de la industria aeroespacial, como es el caso de la planta Bombardier, y en la industria minera. La inversión en este ramo pudiera ser motivo de discusión, pero es innegable que en la industria minera la inversión canadiense ha venido incrementándose. Habría que analizar los efectos positivos y negativos que dicha inversión pudiese representar para la economía nacional. En cuanto a la inversión en el ramo de la industria aeroespacial, de romperse el acuerdo trilateral y si Estados Unidos sigue teniendo el monopolio de las decisiones en cuanto a los acuerdos comerciales y sus reglas, la inversión canadiense en el ramo aeroespacial pudiera verse afectada y buscar otros horizontes, disminuyendo con ello su presencia en México. Es importante tener muy claro que México requiere del desarrollo de la industria con alto nivel de tecnología que contribuya al desarrollo de las habilidades y conocimiento tecnológico de los mexicanos y la industria aeroespacial contribuye considerablemente en ese aspecto. Es de las ramas de la industria que debemos retener por la oportunidad que representa para contribuir a la transferencia tecnológica y por la generación de empleos de un mayor nivel de remuneración. En esa dinámica de apresurar los acuerdos, la parte negociadora por parte de nuestro país, ha privilegiado lo político ante lo económico y los acuerdos hasta ahora anunciados han perdido calidad, lo que dista mucho de la postura que durante los largos meses de negociación se había mantenido y que en lo personal consideré plausibles. Reitero, lo que en mi columna anterior señalaba: Un mal acuerdo, es haber aceptado sentarse en la mesa de negociaciones con la parte norteamericana teniendo ausente a un tercer socio que es Canadá. Esa condición en la que mucho insistió el Presidente norteamericano, la hizo efectiva, manifestando que con marrullería está logrando lo que se está proponiendo. * El autor es economista de profesión, fue presidente del Colegio Estatal de Economistas y vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas.

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