Columnas ¿A quién le urge la firma del Tlcan?

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Por José Luis Contreras

La actividad en los últimos días en las comisiones integradas para la discusión de los términos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se ha visto intensificada. Es entendible, mas no justificaría la urgencia que está mostrando el equipo negociador de la parte norteamericana, dado el ambiente previo a las elecciones intermedias para el próximo mes de noviembre, donde el presidente Donald Trump quiere mostrarse fortalecido y demostrar a los electores que es capaz de llegar a los acuerdos que prometió en campaña de fortalecer la economía de su país, “protegiendo”, como él lo ha llamado, “a la economía de Estados unidos en las desventajosas negociaciones o acuerdos que se habían firmado con países vecinos, refiriéndose a México y Canadá”. En esa dinámica de apresurar los acuerdos, la parte negociadora por parte de nuestro país, ha perdido calidad en los acuerdos y empieza a ceder en temas que durante los últimos 11 meses se había mantenido muy firme y daba calidad al nivel de discusiones y certidumbre a los términos del acuerdo. Los dos grandes temas que han frenado durante todo este año el avance de las negociaciones han sido la vigencia del Tratado y la integración del contenido nacional de los productos manufacturados, sobre todo en la industria automotriz. Como lo hemos manifestado reiteradamente en esta columna, el tema de las negociaciones del Tlcan ha sido un factor de gran influencia en la volatilidad que ha manifestado el mercado cambiario en los últimos meses, pues a mayor certidumbre, el tipo de cambio ha tendido a estabilizarse. Incluso en el mercado de inversiones, durante los momentos más inciertos sobre el futuro del Tlcan, la inversión en el ramo de la industria manufacturera de exportación se contuvo, teniendo efectos regresivos en otras ramas de actividad y con un decrecimiento de la economía, fundamentalmente en la región fronteriza, donde hay una mayor concentración de esa inversión. Incluso en el equipo de negociadores ya se ha integrado personal del equipo del presidente electo, lo que deja de manifiesto que los acuerdos que se tengan tendrán el aval de la próxima administración. Por lo mismo es importante que la prisa no se imponga por encima de la calidad de los acuerdos y se mantenga la calma antes de firmar condiciones que en el corto o mediano plazo puedan afectar al desempeño de nuestra economía. Un mal acuerdo, hasta el momento, es haber aceptado sentarse en la mesa de negociaciones con la parte norteamericana teniendo ausente al tercer socio que es Canadá. Esa condición, en la que mucho insistió el Presidente norteamericano, la hizo efectiva, manifestando que con marrullería está logrando lo que se esta proponiendo. Firmar un acuerdo este mes no debería prevalecer sobre la sustancia del tratado. Coparmex ha manifestado, y creo que es justo, en la necesidad de darle prioridad a los acuerdos con una visión de largo plazo, dijo su titular, Gustavo de Hoyos. Por el lado estadounidense, lo que Trump y su equipo buscan es ‘colgarse una medalla’ por el cierre de acuerdo comercial de América del Norte antes de la elección de medio término de noviembre, ya que según las encuestas, las preferencias juegan en contra del Partido Republicano. Tal vez si nos ponemos en el lugar de la administración frente a su electorado, claro que un acuerdo con México podría venderlo. Electoralmente sí le podría servir al presidente Trump de cara a la elección de noviembre. Finalmente, debemos tener muy claro que en esta negociación se pueden llegar a acuerdos, que dada la conducto del presidente norteamericano, mañana unilateralmente se pueden romper, por eso es importante que luchemos por sacar los mejores acuerdos, como se menciona con visión de largo plazo, pero conscientes de que debemos tener otra alternativa ante la posibilidad de que estos acuerdos se llegaran a romper una vez firmados. * El autor es economista de profesión, fue presidente del Colegio Estatal de Economistas y vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas.

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