Columnas Sábado de Gloria o la gloria del sábado

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

El Sábado Santo o sábado de Gloria, representa para los creyentes el paso de Jesucristo entre la muerte y la resurrección. En la actualidad, estos días se usan para vacacionar mas que para reflexionar. Se ha perdido mucho de este tipo de significados en la cultura universal. Pero si usted es de los que no pierde el sentido de las cosas, tomarse un tiempo en estos días, aun estando de vacaciones, para reflexionar, no le hará daño. Más bien, lo renovará para sus acciones cotidianas cuando regrese a su cotidianidad. Y si vamos a reflexionar, qué mejor que sea sobre las virtudes principales: la fe, la esperanza y la caridad, infundidas en todos los hombres de buena voluntad. Estar muy ocupado en los asuntos de este mundo, nos aleja de las virtudes, y no debería ser así. Porque la vida virtuosa debería ser nuestro mundo de todos los días, para no contaminarnos con lo material, que es lo que nos estresa. Las virtudes no son una cosa que uno se pone. Sino que la naturaleza humana tiene una disposición para que se nos facilite su adquisición. Ser virtuoso es una disposición del ser humano, adquirida por el ejercicio repetido de actuar consciente y libremente en orden a la perfección o al bien. La virtud tiene que ser habitual, no un acto aislado. Es como una segunda naturaleza a la hora de actuar, pensar, reaccionar y sentir. Lo contrario a la virtud es el vicio, que es también un hábito adquirido, de actos contrarios al bien. Las tres virtudes principales son la fe, la esperanza y la caridad. Y existen para que seamos capaces de actuar de acuerdo con el bien superior, y así contrarrestar los impulsos naturales inclinados al egoísmo, comodidad, placer, maldad, etcétera. La fe es un don por la cual somos capaces de reconocer las cosas de Dios. Ver su mano en todo cuanto nos sucede. No es un sentimiento, sino un conocimiento del espíritu que Dios nos concede para intimar con Él. Este conocimiento se nos manifiesta en el sacrificio, el dolor, en los momentos de prueba, cuando se requiere de humildad y del desprendimiento de sí mismos. La esperanza es la mejor arma contra el mal, el desaliento y las dificultades de la vida. Es la virtud por la cual deseamos alcanzar la felicidad. Pone en nuestros corazones el deseo del bien, y nos da el ánimo y la constancia en la lucha para transmitirlo a los demás. Contrario a los obstáculos, que son la presunción, el desaliento y la desesperación. Por la fe tenemos el conocimiento de Dios, por la esperanza confiamos en el cumplimiento de sus promesas, y por la caridad obramos de acuerdo con las enseñanzas de los sabios. La caridad es el servicio al necesitado. Socorrer al que tiene necesidad en el cuerpo o en el alma. Servir al otro. Dar el perdón. La caridad tiene la peculiaridad de vaciarnos del egoísmo y de vivir la generosidad. Felices pascuas de Resurrección. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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