Columnas ¿SE UNIERON LAS IDEOLOGÍAS? O SE JUNTARON LAS AMBICIONES

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

En México, con la gran derrota que tuvieron los partidos políticos grandes en el 2018, junto a toda la chiquillada de partidos que siempre los han acompañado en una asociación deshonrosa, anda la política revuelta con las lealtades. La idea de la traición se extiende por todos los partidos y muchos de sus seguidores. Distintos gallos, que toda la vida se pelearon por “mostrar” sus “diferencias”, ahora dicen que son gallos del mismo gallinero, y muy “cuates”. Y hablo de la idea de traición, porque se están tambaleando lealtades de quienes deberían de guardar su dignidad y principios. “Teodorico, rey de los godos, profesaba la religión arriana. Su primer ministro y hombre de confianza, por el contrario, era católico. Pero para agradar a su señor, se convirtió al arrianismo. Al enterarse de esto, Teodorico mandó ejecutarlo. Al preguntarle del porqué, el monarca respondió: Si ha sido capaz de traicionar a su Dios, no tardará en traicionarme a mí”. Más claro no puede explicarse el asunto. Todo lo anterior reseña a la clase política actual que ha traído la nueva regeneración. Muchos de los miembros de todos los partidos en desgracia, están emigrando a otros, principalmente al que ahora es el fuerte. Nos digan lo que nos digan, eso de la unión, está en entredicho hasta que nos la demuestren. Dicen que, si no existiera la diversidad de criterios, se caería en el totalitarismo, pero es exactamente de dónde vienen y motivo del porque se les relegó. Si fueran gente que siempre ha trabajado por su sociedad, independientemente de los gobiernos que la coordinan, se les creería; pero son gente que siempre defendió su partido, descalificando eternamente a los otros. Allá ellos y quienes los reciben. De todos los que se están moviendo, unos son capaces, pero la mayoría quedan a deber explicaciones. Esperemos que en sus “nuevos partidos”, no vayan a echar a perder la nueva esperanza. Una política que se llena de “chambistas”, es síntoma de que hay algo en ella que ya no funciona. La traición política, decía Maquiavelo, es el único acto de los hombres que no se justifica. Y agregaba: “los celos, la crueldad, la envidia, el despotismo son explicables y hasta pueden ser perdonados, según las circunstancias; los traidores, en cambio, son los únicos que merecen las torturas del infierno político, sin excusas”. Zas. Según cuenta la historia, cuando Judas comprendió su traición, quiso devolver las treinta monedas. Y viendo que ya no había vuelta atrás, horrorizado por sus actos, se quitó la vida ahorcándose él mismo. Al menos Judas tuvo algo de honor para castigarse así mismo. La pregunta ahora es si las nuevas adquisiciones vienen por los treinta denarios, si se ahorcarán en su caso, o ya de plano se les ahorcara en plaza pública. Hoy en día el honor está en vías de extinción, sobre todo a nivel político. Muchos dinosaurios rojos, azules y amarillos, andan disfrazados de gansos. Así las cosas. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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