Columnas Ciudadanos de conveniencia

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

Un ciudadano es un miembro de un estado sometido a sus leyes. Ciudadanía es la condición que se otorga al individuo de ser miembro de una comunidad organizada. La ciudadanía es de vital importancia para el desarrollo de un país. Cuando la ciudadanía no participa en la toma de decisiones, las acciones del estado son totalitarias, dictatoriales y, por consiguiente, poco benéficas para los ciudadanos. Ser ciudadano es tener desarrollado el sentido de identidad y pertenencia, con derechos, obligaciones y responsabilidades. La esfera pública es un espacio entre la autoridad y la vida privada, en el cual los ciudadanos pueden reunirse informalmente, intercambiar opiniones sobre los asuntos públicos y proponer reformas, sirviendo como contrapeso al gobierno. Un ciudadano activo es aquel que cumple con sus derechos y responsabilidades de una manera práctica y cabal. Todos estos conceptos de ciudadano y ciudadanía tienen que comenzar a inculcarse desde la casa y la escuela. Todo ciudadano tiene que ver a la sociedad como su casa, a la que tiene que cuidar y atender, independientemente de lo que hagan por ella los gobiernos. La gente tiene que aprender que ser ciudadano no es algo ajeno a su cotidianeidad, vivencia personal, convivencia y desarrollo. Es por eso por lo que todos debemos estar conscientes de nuestro papel ciudadano desde nuestra trinchera. Un gobernante que obstruye a la ciudadanía es un obstáculo para la sociedad. Un periodista que habla de los ciudadanos como algo ajeno a él, no tiene la responsabilidad ni la valentía para asumir su parte de los problemas o de los éxitos. A pesar de los esfuerzos, que llevan años, la gente y en especial los jóvenes siguen vinculando la formación ciudadana al ámbito político. Hay que participar desde las contiendas electorales hasta la decisión de pavimentar las calles, pasando por las estrategias de desarrollo social, educación, desarrollo urbano, salud, etcétera. Todo aquel político que se siente ajeno a su responsabilidad ciudadana, que actúa como si perteneciera a una especie diferente, que atender a la gente es hacerles un favor, olvidando la naturaleza del servicio público, no es más que un indigno. Quienes se sirven del poder, son responsables de que la mayoría de sociedad no se sienta representada. La política debe ciudadanizarse. Los partidos tienen la obligación moral de impulsar la participación. No hay otra forma de interpretar las actitudes de desdén hacia la ciudadanía, que no sea la del temor a perder el poder y los privilegios que éste trae consigo, incluyendo la corrupción. Algo similar se puede decir de todos aquellos que no participan por gozar su zona de confort, o que solo lo hacen si sus preferidos o partidos políticos están en el poder. Ejercer la responsabilidad de ciudadano es de bien nacidos. Las ideas de bienestar no pueden ser establecidas por unos pocos. Día a día tenemos que afrontar, entre todos, las estrategias para atender lo cotidiano. Es imposible poder participar del desarrollo de una comunidad, si unos se sienten superiores, otros se sienten jueces y otros no sienten nada. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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