Columnas El verdadero peligro

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

Si los necios retorcidos siguen con su guerra sucia en todas las redes sociales, pues yo muy neciamente seguiré pidiéndoles que “paren de sufrir”, que ya lo superen. Que si su favorito para la presidencia de México tiene posibilidades de ganar, sigan promoviéndolo en buena lid, sin provocar la rabia de los rivales. Y si, por el contrario, tiene pocas posibilidades, lo asimilen y lo superen. Nada en la vida hay más valioso que la dignidad y muchos la están perdiendo por nada. El verdadero peligro para México es esa gente que desea que todos piensen igual que ellos. Que piensa que cualquiera que opine diferente es loco, bruto, ignorante, corrupto o sonámbulo. Y que no hay manera de obtenerles respeto ni tolerancia. Esto si es de temer. Una sociedad enfrentada por gente fanatizada. Pejefóbicos, pejezombies, fanáticos, majaderos, provocadores, mentirosos, irresponsables, dedicados a joder, intolerantes, sabihondos y descalificadores, están destrozando la poca convivencia pacífica que le quedaba a la sociedad mexicana. Si la enjundia que le ponen algunos usuarios de las redes sociales, en época electoral, a la publicación de barbaridades contra sus rivales políticos, la pusieran en tiempos normales a la participación ciudadana activa y efectiva, otro país tendríamos. Siempre, en la política, nos sale lo que nosotros creemos que es lo sabios y lo sublimes; pero en su ejercicio, por la intolerancia y la sinrazón, más bien nos sale lo ridículos y lo miserables. Si cada quien hiciera lo suyo, México sería grande, independientemente de quien nos gobernara. El problema es que “lo suyo”, de muchos, es joder. En un mundo lleno de Hitlers, Sadames y Gaddafis, habría que ser más Gandhis. Por actitudes y obras de varios, pareciera que la tarea es solo desprestigiar a los demás; aunque por las formas que usan, solo se desprestigian ellos. A veces no se trata de ser bueno o malo, sino solo justo. Cualquiera que ordena, proyecta, implementa o promueve cualquier guerra sucia, por lo mismo que maneja, apesta. La credibilidad de cada cual, siempre será proporcional a la medida en que se aferre a la verdad y respete los puntos de vista de los demás. En una guerra sucia política, una de las estrategias de los perversos, es meter miedo sobre lo que harían los rivales. Y esa manera nos deja ver al niño temeroso y mentiroso que algunos llevan dentro; al adolescente interno que solo sabe ofender envalentonadamente; y al adulto inmaduro que brota de cada cual, incapaz de aceptar opiniones diferentes. Nada delata más nuestra personalidad y espíritu, que las formas con las que nos expresamos y actuamos, la educación que le agregamos, la veracidad de lo que decimos, la intención con la que nos comportamos, la generosidad que otorgamos, y la responsabilidad con la que asumimos las consecuencias. A los que piden que no se vote por hartazgo o revancha, hay que decirles que también pidan que tampoco se vote por fanatismo o por chamba. Con mala fe, todo es peligroso. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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