Columnas Mujeres ¿unidas?

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

Tal vez esta entrega me va a traer algunos problemas con las damas, pero me la voy a jugar. Total, es tan solo mi opinión. Resulta que, por primera vez en la historia, una mujer pudo acceder a una candidatura presidencial por la vía independiente. Nadie podrá negar lo que luchó para registrarse, para conseguir el numero infame de firmas que piden, y que se movió sin un centavo que le dio el INE. En esta semana que termina, renunció a su empeño, después de haber hecho un papel digno. Por el solo hecho de ser mujer, podría haberse pensado que todas las damas de México la apoyarían, pero no fue así. También uno hubiera supuesto que se le acercarían todas las organizaciones feministas, y tampoco fue así. Y bueno, también se pudo pensar que en todo lo que la atacaron sus rivales, seguidores de ellos y fanáticos desubicados, podrían haberse puesto de su lado, pero igualmente no se vio ese “poder” que muchas pregonan pero que, por lo menos en este caso, no se vio. Aquí, la política mató la supuesta unión de las mujeres por obtener logros. La lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad, sobre todo en cuestiones de oportunidades laborales y profesionales, lleva años. Si no ha avanzado más es porque aún sigue habiendo mucha misoginia en el mundo. El empoderamiento de la mujer es el proceso por el cual las mujeres adquieren un mayor dominio sobre su vida, las circunstancias que la rodean y los elementos que forman parte de ella. Para esto se requiere que cada una de ellas ejerza su rol desde la autonomía, posean influencia en el proceso de toma de decisiones, puedan opinar, votar y ejecutar acciones sin ser vetadas o inapreciadas. También importa que tengan la oportunidad de encontrarse libres de violencia en todas sus expresiones: verbal, física, ideológica, psicológica… También poseer información de todas las índoles y que la justicia les afecte de la misma manera que a los hombres. Para el empoderamiento, es necesario que se desarrollen aspectos como calidad de vida, acceso a la educación en todos los niveles, servicios de salud, seguridad personal y seguridad laboral. Además, necesitan conocimientos, destrezas, habilidades, capacidades y aptitudes. Esto les permite disfrutar de beneficios de forma individual y/o colectiva. Que se suman a motivaciones, fuerza interna, su autoestima, convicciones, creencias, confianza, etcétera. Con esto, se proyecta desde la feminidad, la vida que quieren lograr y la huella que desean dejar. Así, las mujeres tienen la opción de impactar. El plan de acción entonces debería dirigirse hacia la promoción de los grupos femeninos, en referencia a la deseada igualdad de género, reforzando la justicia social. En este nivel se consideraría importante que cooperen entre ellas, lo que no se pudo dar en este caso. El empoderamiento es una estrategia positiva, lo que conlleva incrementar su influencia sobre otros grupos y ser partícipes del cambio social. Bueno sería, entonces, que estuvieran unidas. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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