Columnas Caras vemos…

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

Las últimas semanas me he estado dedicando a censurar la guerra sucia de las campañas electorales. Y por andar entre el tiroteo, predicando en el desierto, he olvidado a todos mis amigos que tengo en todos los partidos políticos y en algunos grupos independientes, que han sabido llevar esta refriega con educación, respeto, tolerancia y generosidad, sin fanatismos exagerados ni hostilidades primitivas. Tengo la fortuna de que en mi área de asesorías que doy personalmente, he podido trabajar para gobiernos de Acción Nacional, del Revolucionario Institucional y de otros en alianza. Mi trabajo es preferentemente cuando están en el poder, para trabajar para mi ciudad, mi estado o mi país. En esas andanzas he hecho buenos amigos que disfruto y respeto, de todos los colores, profesiones y formaciones. Últimamente, en las labores de activismo ciudadano dentro del Grupo Minarete, con gente sobresaliente de todas las ideologías y áreas, he podido incrementar esa tolerancia hacia la universalidad de creencias. Bueno, pues algunas de esas amistades se encuentran ahora de candidatos de todos los partidos políticos, de dirigentes de partidos y de partidarios de ellos. Y es bueno saber que varios no están metidos en el juego de las mentiras y descalificaciones. Ellos, según veo, están dedicados a promoverse y a difundir sus propuestas. Para un servidor, la guerra vil e infiel la está haciendo la gente perversa que hay en todos los partidos, ahora con un arma extraordinaria que son las redes sociales y con soldados mercenarios, que son todos los ciudadanos que, por odio, furia, fanatismo o fobia, están mostrando su verdadera personalidad que, en muchos, es lamentable. El respeto es tener aprecio y reconocimiento por una persona o cosa. Es uno de los valores morales más importantes para lograr la armoniosa interacción social. Para ser respetado es necesario saber respetar, comprender al otro, valorar sus intereses y necesidades. En este sentido, el respeto debe ser recíproco. Ahora mismo, estamos viendo precisamente en las redes sociales cómo se atacan unos a otros, sin respeto ni consideración. Y cada cual, metido en su burbuja fantasiosa que tronará el primero de julio. Por todo lo anterior, el respeto debe exigirse. Respetar no significa estar de acuerdo, sino no discriminar ni ofender a los demás por su forma de vida y decisiones. El respeto a la diversidad de ideas, opiniones y maneras de ser es un valor supremo en las sociedades modernas que aspiran a ser justas y a garantizar una sana convivencia. Garantía que hoy no tenemos en muchas partes de México. Y parte de toda la guerra que pocos han superado, es la falta de honor. El honor es la cualidad moral que obliga al hombre al estricto cumplimiento de sus deberes consigo mismo y con los demás. Es un símbolo de la vida virtuosa y de la dignidad. Vaya pues mi reconocimiento a todos aquellos que se están dedicando a lo suyo de la manera correcta. Que tengan suerte y les den desarrollo y progreso a nuestras sociedades. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

Comentarios