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Rogelio, un artista singular

Rogelio Cruz Ultreros tiene como profesión reparar aparatos electrodomésticos, pero lo suyo, lo suyo, lo suyo, es el arte, uno que se ha dedicado a desarrollar él mismo en los últimos meses.



Se trata de un artista singular, por ser daltónico no logra distinguir los colores, pero ello no le impide buscar siempre ponerle vida a sus obras a través de piedras y objetos brillantes.



Aunque para él lo más importante es ponerle ojos. Sí, así como lee, ojos.



Desde hace tres años Rogelio dedica su tiempo a forjar piezas, acumulando a la fecha una colección de 175 unidades que le gustaría exponer algún día.  



Su primera obra la tituló “El principio”, está compuesta por diversos elementos, como aretes, y dijes, en su mayoría de color dorado, y así cada una tiene su nombre e historia.



Con 42 años de edad, Rogelio Cruz Ultreros es conocido en su colonia por arreglar lavadoras, aunque su pasión es la de crear piezas con las que trabaja toda la noche, y en ocasiones parte de la madrugada.



“Soy daltónico, me gustaría saber cómo son los colores, y como no puedo distinguir no me es posible hacer una pieza idéntica dos veces”, comentó.



Poder expresarse a través de sus obras le da una gran satisfacción, pero lo que más desea es que sus hijos sepan que tienen un padre con un talento diferente a los demás.



Además de sus cuadros y los objetos que cubre con pintura cristal, también gusta de decorar su casa, y si por él fuera “lo haría en todas las paredes y objetos de su casa”, así como ya lo hizo con una grabadora a la que le cubrió con diamantina.



Diálogo artístico



A Rogelio le gustaría conocer a otros artistas tijuanenses que puedan apreciar lo que él hace y de ser posible, exponer las piezas que a la fecha ha elaborado.



Su técnica no sabe cómo definirla, pero está seguro de que nadie más hace algo similar.



Entre los trabajos que ha realizado destacan 27 máscaras, algunos antifaces con aplicaciones de colores y brillos, y otros que ha creado con diferentes objetos.



Además de adornar cuadros, también ha creado piezas a partir de objetos como el respaldo de una silla o la pata de una mesa, a las que les puso rostro y les dio vida.



“Me gusta ponerle ojos hasta a lo más mínimo, que tenga ojos y colores, que es un reflejo de lo que yo no puedo ver”, agregó.



A la fecha son pocas las piezas que ha vendido, sostuvo que a cada una le tiene un aprecio muy especial, por lo que evita comercializarlas, que por el contrario, el día que en su colonia se instala el mercado sobre ruedas, le gusta colocarlas en la calle para que la gente las pueda admirar.  



Recordó que de joven quería ser eléctrico, pero como no podía definir los colores de las resistencias, le fue imposible y se tuvo que ganar la vida con otro oficio.



“Me gusta lo que hago, hay quienes hacen pulseras y aretes, pero de esos hay muchos, lo que yo hago es diferente”, señaló.



Un mariposario es una de sus obras, lleno de colores y tamaños que aunque él no puede distinguir, le fascina y con la cual ha recibido buenos comentarios de sus amigos.



La mayoría de su salario, indicó, lo destina a comprar material para canalizar su talento a través de sus obras, que algunas llevan meses para poder concluirlas.  

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