En México pocos llegan a la Universidad y la mitad estudia lo mismo
Casi la mitad de los universitarios de México está inscrita en apenas diez carreras, según el IMCO: Derecho encabeza la lista con 383 mil estudiantes.

Casi la mitad de los universitarios de México está inscrita en apenas diez carreras, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO): Derecho encabeza la lista con 383 mil estudiantes, seguida de Administración de empresas (263 mil), Ingeniería industrial (240 mil), Psicología (236 mil) y Contabilidad (231 mil). Con Enfermería, Medicina, Negocios, Desarrollo de software y Electrónica, las diez suman 2.2 millones de jóvenes de 4.9 millones en licenciatura.
Lo grave no es el número, sino su inercia. Las cinco carreras más estudiadas son las mismas desde 2005, y el IMCO proyecLa ta que 65 por ciento de los futuros egresados seguirá en campos tradicionales como derecho o administración. Veinte años después, los jóvenes eligen lo mismo que sus padres.
El mercado ya pasa la factura, aunque no como desempleo: la desocupación entre profesionistas es de apenas 3 por ciento. El problema está en qué trabajan y por cuánto. Solo 53 por ciento de quienes estudiaron Derecho labora en algo relacionado con su carrera; 28 por ciento está en la informalidad y los menores de 30 años ganan 19 mil 408 pesos al mes. En Psicología la mitad trabaja en lo suyo, la informalidad llega a 33 por ciento y los jóvenes perciben 15 mil 474 pesos, apenas arriba del promedio nacional de la población ocupada.
¿Por qué persiste? Solemos culpar sólo a la falta de orientación vocacional (que existe), pero la explicación incómoda es una falla de oferta. Derecho se imparte en más de dos mil instituciones. Derecho, Administración y Contabilidad son las carreras más baratas de abrir: un salón, un pizarrón y un profesor de medio tiempo. Por eso se multiplican en cada plaza comercial. El estudiante elige entre lo que hay cerca y lo que puede pagar, no entre lo que el mercado necesita.
A eso se suma un riesgo nuevo: las tres carreras más pobladas concentran justo las tareas que la inteligencia artificial ya ejecuta. Formamos más profesionistas justo donde más rápido se automatiza el trabajo.
En Tijuana la contradicción es más visible que en ninguna otra ciudad. Tenemos uno de los conglomerados de dispositivos médicos más importantes del mundo y empresas que reportan escasez de técnicos e ingenieros, y seguimos graduando más abogados y administradores de los que la región puede absorber con dignidad.
El problema no se resuelve con buenas intenciones: los incentivos están mal puestos. Las universidades públicas reciben financiamiento ligado a la matrícula, y eso crea un problema clásico de coordinación. Si una universidad se niega a abrir otro grupo de Derecho, el estudiante se va a la de enfrente y el subsidio se va con él. Nadie quiere ser el primero en reducir la oferta, y la inercia se vuelve racional.
Para empeorar, la nueva Universidad Nacional Rosario Castellanos, con más de 50 mil inscritos, abre con Derecho, Psicología, Contaduría, Administración y Mercadotecnia. El proyecto educativo insignia del gobierno federal refuerza la concentración y la distorsión en lugar de corregirla.
Cuando el incentivo premia al alumno inscrito y no al egresado empleado, la salida no es individual: es una regla. Financiar por empleabilidad, publicar carrera por carrera cuántos trabajan en lo suyo y cuánto ganan, y cerrar lo que sobra para abrir lo que falta. Un país donde la mitad de sus universitarios estudia lo mismo no forma talento para el futuro; repite el pasado con diploma.
- *- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.
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