La caída de la ballena / El laberinto del fauno
Dir. Brian Duffiel / Guillermo del Toro

La anécdota de un hombre que es engullido por una ballena y trata de escapar de su interior antes de ser digerido, suena ridícula y fantasiosa. Y de ver los avances parece ser el tipo de estupidez palomera innecesaria. Sin embargo, la premisa es utilizada maravillosamente para presentar una historia de trauma, relaciones disfuncionales y sanación a base de terapia de choque.
Brian Duffield, que ya había demostrado su gran capacidad como director con Nadie te salvará (2023), adaptó el libro homónimo junto a su autor, Daniel Krauss para la versión cinematográfica. Lo que a simple vista pareciera una versión de Jonás y la ballena o incluso Pinocho, se convierte en un viaje psicológico y chamánico para su protagonista.
Jay Gardiner (Austin Abrams) es un joven que nunca pudo entablar una buena relación con su padre marinero, Mitt (Josh Brolin), un hombre de mar duro, estricto y aferrado a sus principios y visión de la vida. Tras su muerte en el mar, Jay siente una mezcla de remordimiento y culpabilidad, adjudicándose la obligación de recuperar el cuerpo de su padre de las profundidades del océano. Esa tarea lo lleva a ser devorado por una inmensa ballena cachalote que cazaba un calamar. Así, la cinta se convierte en una lucha por sobrevivir a una muerte segura, un reloj de tiempo hitchcokiano, marcado por el oxigeno restante en el tanque de Jay y los peligros dentro del animal. Un ejercicio de terror absoluto, que sumerge al espectador en una experiencia angustiante de insoportable estrés y shocks constantes.
Duffield hace uso de todos los recursos del género para enfatizar el horror y el riesgo mortal al que se enfrenta su protagonista. Austin Abrams repite a un personaje que habla solo (igual a Resident Evil), como recurso psicológico de supervivencia (y explicar elementos al espectador).
El resultado es en el estilo de las narrativas de Andy Weir. Un hombre atrapado en una situación imposible, obligado a confrontarla a base de conocimientos e ingenio. Su existencia está en sus manos.
Si vive o muere dependerá de la reconciliación que pueda encontrar en su mente y corazón con el espíritu de su padre, que lo llevó a este punto decisivo.
Increíblemente han transcurrido veinte años del estreno de El laberinto del fauno de Guillermo del Toro, obra que famosamente fue ovacionada de pie en Cannes, durante veintidós minutos (la más larga en la historia).
El fauno es otra fábula que nos confronta con el fascismo de la España franquista. Del Toro crea un mundo fantástico para que una niña escape de la cruda realidad que la rodea. Los cuentos como única alternativa.
En su momento el mundo estaba a la mitad de una guerra en medio oriente, iniciada y justificada a traves de banderas falsas, en pos de petróleo. Un presidente de la mayor potencia, de imbecilidad e incompetencia inconcebible. Veinte años después la situación geopolítica ha empeorado exponencialmente. Ni en las peores pesadillas de Iñárritu podría ser peor.
Se criticó a del Toro, diciendo que era fácil criticar el fascismo una vez que había sido erradicado, sin embargo, en sus palabras “siempre regresa, nunca se va, seguiremos peleando contra él porque está dentro de la naturaleza de cierto tipo de humano, odiar como fuerza vital. En realidad, es autodesprecio que no pueden resolver, así que odian a los demás.
Me duele ver que una, dos o tres generaciones le fallaron completamente a esta generación. Se entrega un mundo en ruinas, moral, social, espiritualmente, desintegrado el tejido que alguna vez nos permitió articular una fábula o una parábola.
Es un momento que combina una sensación literalmente escatológica, es el final de los tiempos.”
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