Líderes de fotografía
“Al final, estimado líder empresarial, si tu mayor legado es una fotografía o placa colgada en la pared, no formaste líderes... solamente calentaste la silla.”

No todos, pero hay muchos organismos empresariales que parecen agencias de eventos: desayunos, conferencias, reconocimientos, fotografías con el gobernante en turno y publicaciones en redes sociales. Todo muy bonito, muy institucional, muy sonrientes. Pero ¿qué estamos construyendo?
¿En qué momento confundimos liderazgo con protagonismo? ¿Desde cuándo presidir un organismo empresarial se convirtió en una oportunidad para presumir relaciones, repartir tarjetas y engordar el currículum?
Hay dirigentes extraordinarios, conozco a muchos, gente valiente que dedica tiempo, dinero y prestigio a defender causas importantes. Pero también hay quienes llegan, se toman la foto, disfrutan el aplauso, entregan el cargo y desaparecen. Como si hubieran presidido un comité de graduación.
Y cuidado con las tentaciones del poder. Venderle al gobierno no tiene nada de malo, es un cliente enorme y legítimo, pero cuando tu empresa vive de contratos públicos y al mismo tiempo diriges un organismo que debería cuestionar a quienes te los otorgan, la cosa empieza a oler raro. ¿Cómo le reclamas al funcionario que mañana puede renovarte el contrato? No necesariamente hay corrupción, pero sí un conflicto de intereses que merece explicaciones.
México tiene más de 5.4 millones de unidades económicas y el 95.4% son pymes. Millones de negocios necesitan representación y valentía, no clubes sociales con logotipo empresarial.
¿Dónde quedaron las causas incómodas? ¿Quién quiere meterse con la inseguridad, la corrupción y los abusos de autoridad? ¿O resulta más cómodo organizar otro foro mientras los problemas siguen creciendo?
No nos hagamos tontos; los empresarios somos buenísimos para quejarnos del gobierno y malísimos para involucrarnos. Queremos contrapesos, pero que los construya otro.
Y la cosa se pone peor; estamos obsesionados con preparar a nuestros hijos para heredar la empresa, les pagamos universidades y maestrías, les enseñamos a negociar, invertir y “cuidar el patrimonio”. Pero ¿cuándo los llevamos a una reunión de Cámara? ¿Cuándo los invitamos a defender una causa colectiva? ¿Cuándo les enseñamos a dar la cara cuando nadie quiere hacerlo? ¿De qué sirve presumir treinta años de liderazgo empresarial si ni siquiera logramos contagiarles a nuestros hijos las ganas de participar?
Y cuidado con otra estupidez: creer que renovar significa poner jóvenes por ser jóvenes. ¡Error! La juventud no garantiza talento, criterio ni liderazgo. Improvisar dirigentes para rejuvenecer la fotografía puede salir caro. Yo no hablo de edades, hablo de formar generaciones, de transmitir experiencia, principios, carácter y mística.
Hacen falta mentores, responsabilidades compartidas y formación sistemática dentro de los organismos empresariales. Que los hijos acompañen a sus padres, conozcan los problemas y asuman responsabilidades reales. No para heredarles cargos, sino para enseñarles a merecerlos.
Al final, estimado líder empresarial, si tu mayor legado es una fotografía o placa colgada en la pared, no formaste líderes... solamente calentaste la silla.
*- El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.
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