El Imparcial / Columnas /

Convivir con los trastornos mentales

Recientemente he atendido a más familiares de alguien con algún trastorno mental, quiero pensar que es porque hay más cultura sobre lo que significa consultar con un psiquiatra.

Ricardo  Menéndez

Recientemente he atendido a más familiares de alguien con algún trastorno mental, quiero pensar que es porque hay más cultura sobre lo que significa consultar con un psiquiatra. Usualmente identifico rápidamente al familiar que más está sufriendo las consecuencias del trastorno de su ser querido y les ofrezco apoyo profesional, con frecuencia acaban siendo ellos los que se toman un psicofármaco y el enfermo se resiste a tomarlo. Ahora me llegan más

de alguien sufriendo por tener que convivir con otra persona, en donde el otro es el trastornado. Convivir con una enfermedad de celos, paranoia, pérdida del control de los impulsos o abuso de sustancias puede desgastar hasta al más fuerte, enfermedades como una personalidad psicópata, la bipolaridad o la psicosis suelen hacer que los más cercanos al enfermo estén muy afectados. El apoyo psicológico a la familia es muy útil, pero frecuentemente desarrollan francos trastornos de ansiedad o depresión mayor y el psiquiatra puede apoyar e indirectamente ayudar al paciente que representa un peligro o una afrenta a la dignidad para el cuidador o responsable. Los padres suelen ser los más afectados, los cónyuges también. No siempre es peligro como tal, pero sí amenazas o exigencias extremas o disparatadas. Como en el duelo, también se suele pasar por etapas ante una situación así, casi siempre hay un primer paso apoyado en el amor, la fe y el sentido común con una dosis de esperanza, frustración y hasta culpa. Con el tiempo entienden que desgraciadamente se presenta el fenómeno hasta en las mejores familias y se entra en otra fase de resignación y atención profesional al ser querido, pero frecuentemente se olvidan de ellos mismos llegando al aislamiento, fallas en la atención o memoria, insomnio, conflictos familiares, pueden llegar hasta abandonar los proyectos propios y sensación de que vive para el paciente. Esto se ve más en México, en la cultura anglo sacan a los jóvenes a la calle a los dieciocho, y así les va. El estado cada vez se hace menos cargo de estas personas y sus familias. Estamos viviendo una de las consecuencias de la llamada revolución de los años sesenta, el pre woke, Foucault y otros convencieron a la población que era un crimen institucionalizar al enfermo mental, Basaglia llevó a una primera orden sanitaria del estado indicando cerrar el máximo de instituciones psiquiátricas de internamiento, en Italia. Las políticas en México le echan la carga a la familia, desgraciadamente muchos de estos pacientes estarían mejor con un internamiento tan prolongado como necesite la persona, protegidos de los enormes riesgos que corren en las calles, también las familias pueden estar en paz sabiendo que está siendo bien tratado y atendido.

  •  *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí