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La nueva era de la fiscalización digital

“La visión gubernamental de la economía puede resumirse en unas cortas frases: si se mueve, póngasele un impuesto. Si se sigue moviendo, regúlese, y si no se mueve más, otórguesele un subsidio” Ronald Reagan

Jorge Pickett Corona

Durante los últimos años, la relación entre los contribuyentes y el Servicio de Administración Tributaria ha cambiado de manera importante. La fiscalización que anteriormente podía percibirse como un proceso principalmente posterior a la presentación de las declaraciones, hoy se encuentra cada vez más apoyada en herramientas tecnológicas capaces de analizar grandes cantidades de información y detectar diferencias prácticamente de manera automática.

El SAT ya no depende exclusivamente de una auditoría tradicional para identiDoce posibles irregularidades. Los Comprobantes Fiscales Digitales por Internet, las declaraciones, la información proporcionada por terceros y los registros que obran en sus sistemas permiten realizar cruces de información para conocer si los datos reportados por un contribuyente mantienen congruencia entre sí.

Esta situación representa un cambio importante en la manera de entender el cumplimiento fiscal. Presentar una declaración en tiempo ya no debería considerarse el punto final de las obligaciones de un contribuyente, sino una parte de un proceso mucho más amplio. Los ingresos declarados deben guardar relación con los comprobantes emitidos, las deducciones deben encontrarse debidamente respaldadas y las operaciones realizadas deben contar con documentación suficiente que permita demostrar su existencia y naturaleza.

Aquí surge uno de los principales retos de la fiscalización moderna: la materialidad de las operaciones. Contar con una factura no siempre es suficiente para que una operación efectivamente se realizó. Ante una revisión, puede ser necesario demostrar mediante contratos, transferencias bancarias, entregables, estados de cuenta, correos electrónicos, fotografías, reportes o cualquier otra evidencia que permita acreditar que los bienes fueron entregados o que los servicios fueron efectivamente prestados.

Por ello, la prevención comienza a adquirir un papel fundamental. Una empresa que revisa periódicamente sus CFDI, concilia su información contable con sus declaraciones y conserva adecuadamente la documentación de sus operaciones se encuentra en una posición mucho más sólida frente a una eventual revisión de la autoridad.

También resulta importante prestar atención a las comunicaciones que envía el SAT. Una carta invitación o un aviso de inconsistencias no necesariamente significa que exista un crédito fiscal, pero sí puede representar una señal de que la autoridad ha identificado alguna diferencia que merece ser revisada. Ignorar este tipo de comunicaciones puede permitir que una diferencia inicialmente sencilla de aclarar se convierta posteriormente en un procedimiento de mayor complejidad.

La tecnología, por lo tanto, está modificando no solamente la forma en que la autoridad fiscaliza, sino también la manera en que los contribuyentes deben prepado rarse. La defensa fiscal comienza mucho antes de recibir una auditoría: comienza con una contabilidad ordenada, información congruente y documentación suficiente.

En esta nueva realidad, el contribuyente que únicamente reacciona cuando recibe un requerimiento se encuentra en desventaja frente a una autoridad que puede analizar información de manera constante. La verdadera estrategia consiste en anticiparse, revisar y corregir oportunamente.

La fiscalización digital no significa necesariamente una mayor presión para quienes cumplen correctamente; representa también una oportunidad para fortalecer los mecanismos de control y evitar errores. Sin embargo, exige un cambio de cultura fiscal: pasar de la idea de “cumplir porque la autoridad puede revisar” a la de “cumplir y revisar porque debemos estar preparados para demostrarlo”.

El futuro de la fiscalización será cada vez más tecnológico y basado en datos. Frente a ello, la mejor herramienta del contribuyente no será únicamente reaccionar ante una revisión, sino contar desde el inicio con la evidencia necesaria para demostrar que sus operaciones, declaraciones y obligaciones fiscales tienen sustento.

  •  *- El autor es Abogado Fiscalista.

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