Desde hace algunos años se ha vuelto práctica común que los avances (trailers) de las películas sean una versión de dos minutos que revela todo, arruinando cualquier giro de trama en el guión. En el caso de El corazón de la bestia, no es que haya muchas sorpresas, pero el avance lo exhibe despreocupadamente. James Belmont (Brad Pitt) es un sargento de las fuerzas especiales retirado que sigue acompañado de su perro de combate, Odín. Ambos veteranos sufren de síndrome de estrés postraumático. Para relajarse, recorren juntos las montañas de Alaska. Después de pasar una noche a la orilla de un lago, al ver que se aproxima una tormenta, James y Odín empacan y suben a su avioneta para salir del bosque. A mitad del vuelo James sufre un ataque cardiaco, Odín sale disparado de la cabina. La avioneta se sumerge en un lago y con dificultad James logra salir con vida. Malheridos, los compañeros se encuentran a 56 millas de distancia de la civilización y tendrán que aventurarse por las montañas para sobrevivir.
La aventura se torna cada vez más peligrosa. Mientras avanzan por las montañas, James sigue padeciendo del corazón y atragantándose aspirinas en el camino, mientras tienen que cruzar caudalosos ríos y enfrentarse a osos y librar una encarnizada batalla con lobos.
David Ayer, un director de medio pelo, responsable de Escuadrón Suicida (2016), Corazones de hierro (2014) y varias cintas olvidables, parece haber acudido a las ordenes de Pitt para que le dirigiera su propia versión de El renacido, pero con un perro de compañía.
El resultado es como una mezcla de las películas canadienses sobre animales, que se encuentran en Netflix, y la ya mencionada El Renacido, que parece sólo una excusa para ver paisajes hermosos (filmados en Nueva Zelanda). Existe una versión más esotérica que era la predilecta de Pitt y Damien Chazelle (coproductor), desafortunadamente, el estudio decidió exhibir la versión más popular.
Por otro lado, la nueva cinta de Gael García Bernal, estrenada en el Festival de Cine de Venecia ya se encuentra en salas. Se trata de una sátira social que sigue a Camilo (Gael) un salvavidas cubano cuya vida se transforma después de que rescata del mar a Abel (Jorge Salinas), un poderoso empresario mexicano.
Como agradecimiento, Camilo es contratado por Abel y rápidamente escala los puestos de su empresa, convirtiéndose en parte de su familia, al casarse con su hija, Juana. Pero nada es lo que parece.
Abel tiene una amante embarazada, Juana está insatisfecha en su relación con Camilo, una actriz brasileña llega para estudiar un papel basado en Juana. Camilo simplemente es un testigo.
Parece que Gael está perdido en su propia película, como un personaje, en busca de una historia, que no sabe quién es.
El guión del propio Bernal y Mariano Pensotti, revela sus intenciones y aparente carencia de foco en sus constantes líneas metatextuales. “Que el planteamiento no sea tan lineal.” “Como una telenovela todo esto.”
Camilo es como una versión del mismo Bernal, un personaje que fue arrojado a una vida que no era precisamente la que tenía pensada. En un momento se cuestiona “¿Cómo es que estoy viviendo esto que estoy viviendo? No quiero vivir la vida equivocada.” El sueño de Camilo era ser animador, camino que retoma para desenmascarar las turbias intenciones políticas de su suegro, Abel.
A través de esta farsa divagante que, como el mismo Camilo, no encuentra bien a bien su rumbo, Gael está diciendo que su verdadero camino es la dirección, sin embargo, como las propias producciones dentro de la cinta (una autoficción de Juana y un documental político), Hombre al agua aún está a la deriva.
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