La Desaladora: El futuro hídrico de Tijuana
El suministro de agua dejó de ser, hace mucho tiempo, un tema de agenda pública secundaria para convertirse en el factor decisivo de la viabilidad económica y social de la zona metropolitana de Tijuana y Playas de Rosarito.

El suministro de agua dejó de ser, hace mucho tiempo, un tema de agenda pública secundaria para convertirse en el factor decisivo de la viabilidad económica y social de la zona metropolitana de Tijuana y Playas de Rosarito.
Sin duda el inicio del proyecto de la planta desaladora representa una muy buena noticia y una respuesta concreta a una demanda histórica que desde el sector empresarial e industrial hemos señalado de forma sistemática. Así como señalamos los retos, reconocemos cuando la apertura al diálogo institucional deriva en acciones orientadas a resolver problemas estructurales.
Superada la etapa de la planeación y los anuncios institucionales, el reto radica en la ejecución. La trascendencia de una obra de esta magnitud exige que cada etapa se desarrolle bajo los más altos estándares de transparencia y máxima publicidad.
Para la comunidad empresarial y la ciudadanía, esta solución debe abordarse con pragmatismo técnico. La infraestructura hídrica requiere inversiones elevadas, pero el costo económico y social de la escasez es exponencialmente mayor y lo hemos dicho varias veces, siempre será más caro no tener agua. La falta de agua frena la retención y atracción de inversiones, compromete la operatividad de las empresas y, por encima de todo, vulnera un derecho humano fundamental de la población.
Por ello, bien por Baja California, esperamos pronto ver el impacto real y la eficiencia operativa de la planta.
Asimismo, la solución de fondo ante el reto hídrico no depende de forma exclusiva de la generación de nueva oferta a través de infraestructura mayor; exige, en la misma proporción, una cultura rigurosa de eficiencia y ahorro en la demanda. De la mano con la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana, resulta primordial promover estrategias operativas y ciudadanas de consumo responsable que impacten de inmediato en el balance hídrico regional. Desde la esfera individual y familiar hasta los procesos industriales, existen acciones técnicas de alto impacto que demuestran resultados tangibles de manera inmediata. Ejemplo de ello es la adopción generalizada de ecotecnologías, como los sistemas y regaderas de bajo flujo; en lo personal, la instalación de estos dispositivos en todas las regaderas de mi casa redujo el consumo a la mitad sin comprometer el servicio. Si escalamos este tipo de medidas al ámbito corporativo y comercial, mediante políticas de eficiencia interna, reciclaje de agua de proceso y esquemas de incentivos, el sector empresarial puede consolidarse como un aliado estratégico en la preservación del recurso. La certidumbre de nuestro futuro depende tanto de las grandes obras como de la disciplina cotidiana con la que gestionamos cada litro.
Y repito: ¡Bien por Baja California, próximamente veremos el impacto positivo y real de la desaladora!
*- La autora es Contadora Pública y Presidente de COPARMEX Tijuana.
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