Como perros oliéndose la cola
La oposición mexicana parece haber encontrado finalmente al culpable de sus derrotas: el mexicano, sí, usted.

El pretexto todo mundo lo repite: Morena gana porque reparte dinero en programas sociales y millones de mexicanos, agradecidos, obedientes y aparentemente incapaces de pensar, corren a votar por quien les deposita. Qué conveniente, ¿no?, También qué insultante.
Detrás de esa explicación hay una idea bastante clasista: si la gente vota distinto a como yo quisiera, entonces es porque la compraron, la engañaron o no entiende.
Revisemos el dato: Morena obtuvo en 2024 alrededor del 41% de los votos para diputados federales, eso es una barbaridad electoral, pero tampoco significa que México entero sea morenista. PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, solamente esos tres, sumaron alrededor de 39%. Hay millones de mexicanos que votaron distinto. Entonces quizá la pregunta interesante no sea por qué Morena es tan fuerte. La pregunta que realmente nadie quiere contestar es: ¿por qué la oposición es tan débil? Digo, porque argumentos hay.
En México casi 3 de cada 10 personas siguen viviendo en pobreza multidimensional, más de la mitad de los trabajadores están en la informalidad y más del 60% de los habitantes de las principales ciudades dicen sentirse inseguros donde viven. Ahí hay material para una oposición seria hasta para aventar para arriba.
Hay inseguridad, informalidad, servicios públicos deficientes, problemas de salud, educación, crecimiento y productividad. También hay avances que sería absurdo negar. Precisamente por eso se necesita una oposición inteligente: una capaz de reconocer lo que funciona y explicar, con datos, cómo hacerlo mejor.
Pero está más fácil gritar, es más fácil indignarse en WhatsApp con un microcírculo con los de siempre, como los perros que se huelen la cola entre ellos mismos.
Es muy fácil organizar otro foro más donde todos piensan igual, es más fácil colocar al mismo político de hace veinte años frente a un micrófono para explicar que ahora sí entendió al ciudadano y cuando vuelve a perder, culpar al programa social o a las becas.
El problema de una parte de la oposición mexicana no parece ser falta de argumentos, es falta de capacidad para convertirlos en una causa que emocione, convoque y convenza. Morena construyó durante años una narrativa sencilla. Se puede estar de acuerdo o no con ella, pero millones la entendieron.
¿Y cuál es hoy la historia alternativa? ¿“Nosotros no somos Morena”? Eso no es proyecto de país. Es una reacción al proyecto de otro.
Una oposición útil tendría que caminar mercados, universidades, maquiladoras, colonias y pequeñas empresas. Escuchar al comerciante que paga impuestos, al joven que quiere independizarse, al trabajador informal, a la madre que espera atención médica y al emprendedor que batalla contra permisos absurdos.
Y después proponer algo mejor, sin despreciarlos, sin regañarlos, sin explicarles por qué votaron mal. Es profundamente antidemocrático amar a un pueblo únicamente cuando vota por ti. La democracia comienza aceptando una verdad que duele: la gente puede escucharte, entenderte perfectamente… y aun así no elegirte.
Quizá el problema no sea que México tenga una oposición derrotada, quizá sea peor: que todavía no entiende por qué perdió y mientras siga creyendo que el ciudadano es tonto, seguirá dándole excelentes razones para buscar su representación en otra parte.
El 2027 ya está inaugurado, ¿habrá oposición a la altura?
*- El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.
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