Tijuana tiene turistas, le falta visión turística
Durante muchos años hemos repetido que Tijuana es una ciudad industrial, comercial, fronteriza, médica, gastronómica y, por supuesto, binacional.

Durante muchos años hemos repetido que Tijuana es una ciudad industrial, comercial, fronteriza, médica, gastronómica y, por supuesto, binacional. Todo eso es cierto. Pero a veces, entre tantas definiciones, se nos olvida una de las más antiguas: Tijuana es una ciudad turística.
Y no es un asunto menor. Buena parte de nuestra historia comenzó precisamente ahí.
Mucho antes de las maquiladoras y del enorme crecimiento urbano, Tijuana ya recibía visitantes. La Ley Seca en Estados Unidos detonó una actividad que transformó esta frontera. Surgieron hoteles, restaurantes, bares, carreras de caballos, el Casino Agua Caliente y una Avenida Revolución que durante décadas fue conocida internacionalmente.
Tijuana entendía perfectamente quién era su visitante y qué estaba buscando.
Después las cosas cambiaron. Y nosotros también.
Llegó el turismo de compras, el nocturno, el médico, el gastronómico, el vino, la cerveza artesanal, los congresos y convenciones, los eventos deportivos y las reuniones de negocios.
Por eso no coincido cuando alguien dice que Tijuana dejó de ser turística.
Lo que cambió fue el turismo.
Hoy viene gente a operarse, al dentista, a comer, a comprar, a visitar familiares, a hacer negocios, a asistir a un congreso o un concierto. Llegan mexicoamericanos que conservan vínculos profundos con esta región, residentes de California que consumen nuestros servicios y viajeros internacionales que utilizan nuestra extraordinaria conectividad binacional.
Tenemos además algo que ninguna campaña publicitaria puede fabricar: estamos junto a una de las economías más importantes del mundo, tenemos el Valle de Guadalupe a menos de dos horas y contamos con una mezcla cultural difícil de encontrar en cualquier otra ciudad mexicana.
Entonces, ¿qué nos falta?
No turistas. Nos falta visión turística. Y aquí empieza la parte incómoda, porque la responsabilidad no es solamente del gobierno.
Ni los gobiernos han terminado de entender lo que significa administrar una ciudad turística, ni quienes vivimos aquí nos comportamos siempre como habitantes de una
ciudad que recibe millones de visitantes.
El turismo no empieza en el hotel ni cuando alguien se sienta en un restaurante.
Empieza cuando cruza la garita, cuando sale del aeropuerto o cuando entra por carretera.
Ahí comienza Tijuana.
Y ahí aparecen nuestros baches, la basura, los accesos descuidados, la falta de señalización, los camellones abandonados, el desorden urbano, el tráfico y, todavía peor, los abusos y extorsiones que algunos visitantes denuncian.
Podemos gastar millones promoviendo Tijuana, pero una mala experiencia puede destruir en minutos lo que una campaña intenta construir durante años.
Además, cometemos otro error: pensar que el turismo es responsabilidad de la Secretaría de Turismo.
Turismo también es Seguridad Pública, Obras Públicas, Movilidad, Limpia, Parques y Jardines, Desarrollo Urbano y Cultura.
Turismo es que un visitante pueda orientarse. Que encuentre una ciudad limpia. Que pueda estacionarse. Que se sienta seguro. Que quiera regresar y que, cuando vuelva a su casa, hable bien de nosotros.
Pero también nosotros tenemos responsabilidad.
Una ciudad habla a través de sus calles, sus banquetas, sus jardines y sus edificios, pero también a través del comportamiento de quienes vivimos en ella.
Quizá nuestro mayor problema sea que nos acostumbramos. Dejamos de ver la basura porque siempre está ahí. Dejamos de sorprendernos por el desorden. Aprendimos a esquivar los baches y aceptamos como normales cosas que un visitante observa inmediatamente.
Tijuana tiene que volver a pensar como anfitriona.
No para competir con Cancún, Los Cabos o Puerto Vallarta. No somos ninguno de ellos ni necesitamos serlo.
Nuestra fortaleza está precisamente en ser diferentes.
Somos frontera. Somos México y California encontrándose todos los días. Somos gastronomía, medicina, negocios, cultura, vino, entretenimiento y una puerta de entrada a toda una región.
Durante más de cien años Tijuana ha sabido reinventarse.
Puede hacerlo nuevamente.
Pero primero tenemos que entender algo muy sencillo: una ciudad buena para el turista tiene que ser, antes que nada, una buena ciudad para quienes vivimos en ella.
Limpiarla, ordenarla, hacerla segura y recuperar sus accesos no es trabajar para los turistas.
Es trabajar para nosotros.
Y quizá cuando volvamos a sentirnos anfitriones, también volvamos a sentir orgullo por la casa que estamos ofreciendo.
- *- El autor es un opinólogo tijuanense enamorado de su ciudad.
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