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La celotipia

Hoy quiero escribir sobre los celos, un tema poco abordado.

Ricardo  Menéndez

Hoy quiero escribir sobre los celos, un tema poco abordado. Son un fenómeno natural en el humano, relacionado con el vínculo característico de los mamíferos, de origen son un fenómeno biológico normal en un individuo, desde la niñez hasta la vejez. Pero hay de celosos a celosos, estas estructuras cerebrales encargadas de activar y regular la sensación de celos pueden descomponerse y dejar de estar regulados por la inteligencia y el sentido común. Llegan a ser una enfermedad, la celotipia, son celos que no están montados en la duda, sino en la certeza. En Otelo o Leontes de Shakespeare, el primero parte de la certeza del olor de un pañuelo de su amada como prueba de infidelidad, el segundo con la certeza de que su hijo era de otro padre, la celotipia siempre se apoya en un detalle imposible de probar para justificar su certeza intuitiva de que es engañado, o engañada. Las bases biológicas las confirmamos en que ciertas sustancias pueden provocar que alguien se enferme de celos, los medicamentos usados para tratar el Parkinson, por ejemplo, pueden provocar celos. Ni qué se diga de la metanfetamina o “cristal”, una tercera parte de sus usuarios desarrollará un cuadro psicótico con ideas delirantes y de estos casi 50% celotipia, desde el siglo pasado era bien conocida la psicosis anfetamínica, característicamente con celos patológicos. Hoy en día ya no es tanto un aroma en una prenda íntima, es algo en el celular, en las redes sociales. La persona celotípica anhela entrar al celular de su pareja, está segura de que encontrará evidencias, y quien busca encuentra, una inocente conversación será más que evidencia. En la consulta psiquiátrica de Tijuana se ven estos cuadros asociados al consumo de la metanfetamina desde hace décadas, antes era la única ciudad de México con ese problema de salud pública, ahora que su consumo es nacional los espacios de internamiento psiquiátrico tienen un porcentaje muy importante de pacientes con secuelas de su consumo, aunque este haya sucedido muchos años antes. Por ello esta sustancia no debe ni de probarse una sola ocasión, es pobre la educación a los adolescentes sobre el peligro de esta sustancia, los gringos nos han obligado a hablar más del fentanilo. Ante un problema de celotipia siempre preguntamos sobre antecedentes de su consumo y frecuentemente lo hay. Los celos normales se resuelven, los enfermizos se mantienen obsesivamente en la cabeza. La posibilidad de perder al ser amado puede activar un momento de celos, la pareja se convierte en un trío por un momento, el temor al abandono. Los celos deben ser signo de amor, no de desconfianza. La música mexicana abunda en esto, “estos celos me hacen daño, me enloquecen”, Vicente Fernández.

  • *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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