Válvula de escape
El cierre de la Garita Comercial de Mexicali ya obligó al Gobierno de Baja California a buscar una salida de emergencia para evitar que el conflicto con los transportistas escale y termine generando mayores daños al comercio exterior.

El cierre de la Garita Comercial de Mexicali ya obligó al Gobierno de Baja California a buscar una salida de emergencia para evitar que el conflicto con los transportistas escale y termine generando mayores daños al comercio exterior.
El secretario de Economía e Innovación, Kurt Honold Morales, informó que, por gestión de la gobernadora Marina del Pilar
Ávila Olmeda, se logró ampliar temporalmente los horarios de operación de la garita de Otay en
Tijuana durante sábado, domingo y lunes. La medida pretende ofrecer una válvula de escape a los transportistas y mantener, hasta donde sea posible, el movimiento de mercancías hacia Estados Unidos.
Para conseguirlo fue necesaria la intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Agencia Nacional de Aduanas de México, la Guardia Nacional y representantes del sector empresarial.
Mientras tanto, la Guardia Nacional mantiene presencia en El Centinela para agilizar las revisiones de las unidades que se dirigen hacia Tijuana.
Por lo pronto la manifestación de los transportistas, debido al retiro de visas estadounidenses a algunos operadores, sigue y no parece tener una pronta conclusión a pesar de que las autoridades han instalado mesas de trabajo Incluso la Aduana mexicana planteó permitir cruces intermitentes, propuesta que fue rechazada por los manifestantes.
La ampliación de Otay es una medida útil, pero evidentemente temporal. Tijuana no puede convertirse indefinidamente en el desfogue de un conflicto que tiene su origen en Mexicali. La medida compra tiempo. Ahora toca utilizarlo para resolver el problema de fondo.
CONTRA EL LOBO MEXICANO
Tal parece que, para Trump, la protección de una especie puede pesar menos que los intereses económicos de quienes consideran al animal un obstáculo para su actividad.
Recientemente el Presidente de los Estados Unidos firmó una orden ejecutiva para revisar las protecciones del lobo gris mexicano. En ella instruyó al Departamento del Interior a determinar, en un plazo de 90 días, si el lobo gris y el lobo gris mexicano cumplen los criterios para perder o reducir su protección bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción.
Si la dependencia determina que las poblaciones se han recuperado lo suficiente, deberá iniciar el proceso para retirar o disminuir su protección federal. La Administración también preparará una recomendación legislativa para eliminar o reducir esas protecciones. Trump instruyó a sus funcionarios a trabajar con los estados para modificar sus propias listas de especies protegidas y revisar los criterios que regulan la eliminación letal de lobos cuando representen una amenaza para el ganado.
El lobo gris mexicano, también conocido como Canis lupus baileyi, es una de las poblaciones de lobos más amenazadas de Norteamérica.
Sus defensores estiman que existen apenas 317 ejemplares en libertad y estuvo al borde de desaparecer de la vida silvestre. Su recuperación ha requerido programas de reproducción, conservación y reintroducción que representan años de trabajo científico y recursos destinados a evitar su extinción. ¿Realmente puede considerarse una amenaza de tal magnitud una población tan reducida? El lobo gris mexicano, además, no entiende de fronteras. Su conservación involucra tanto a Estados Unidos como a México y requiere coordinación científica y ambiental entre ambos países.
Ahora, una decisión política podría poner nuevamente en riesgo ese esfuerzo.
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