El Imparcial / Columnas /

El final de la calle Oak

Dir. David Robert Mitchell

Manuel  Ríos Sarabia

Prejuzgando por el primer avance, no me entusiasmaba mucho la nueva cinta de David Robert Mitchell. Aunque sí, el “trailer” sin duda ofrece algo emocionante y muy dinámico, no dejaba de parecer una Jurassic Park, pero de naturaleza mágica. En la tradición actual de cortos que “espoilean” toda la película, se muestra claramente que, por alguna inexplicable razón, relacionada a el fulgor de extrañas luces, todo un vecindario ha sido transportado hasta un punto desconocido de la prehistoria. Ahí, la familia Platt, Denise (Anne Hathaway), Greg (Ewan McGregor) y sus hijos, Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), se ven forzados a combatir dinosaurios para sobrevivir, mientras tratan de descifrar el misterio de lo sucedido y encontrar la forma de volver a la normalidad.

A simple vista, una trama lo suficientemente sencilla y pedestre. En pocas palabras, una película palomera. Afortunadamente, en las manos de David Robert Mitchell, quien nos brindó con It Follows (2014), una película de terror donde la entidad maligna es básicamente una infección de transmisión sexual; lo que podría ser una cinta desechable se convierte en un verdadero deleite, un bólido cinematográfico que no para de sorprender, emocionar y aterrar por partes iguales.

La acción se sitúa a inicios de los ochenta en una comunidad suburbana, donde los habitantes disfrutan alegremente de un convivio en el vecindario. Mitchell expone su intención desde el inicio, estamos en una película de Spielberg. Para enfatizarlo, la relación entre Denise y Greg, no se encuentra en su mejor momento. Greg ha perdido su empleo, lo cual mantiene oculto de la familia y trata de compensar sus ingresos repartiendo pizzas, mientras recurre a escondidas al alcohol, para sobrellevar su estrés. Por su lado, Denise reconoce que su matrimonio ha perdido todo el encanto y plasma sus sentimientos al respecto en un libro autobiográfico, que escribe en el sótano de la casa, por las noches, mientras todos duermen, creyendo que nadie se enterará de sus pensamientos. Los niños, sin embargo, ya se han percatado de las continuas discusiones entre sus padres y de la posibilidad de un divorcio. Estamos en territorio cien por ciento Spielbergiano. Por si fuera poco, la presencia de J.J. Abrams (quien ha pasado toda su carrera imitando a Spielberg) como productor, asegura que todo funcione tal como “se supone” debería.

Durante la noche del acontecimiento una serie de luces brillantes iluminan el cielo. A la mañana siguiente todo ha cambiado. Dinosaurios deambulan las calles y el vecindario entero parece haber sido trasplantado a la prehistoria. Lo que podría haber sido una aventura familiar con dinosaurios, es convertida por Mitchell en algo así como Jurassic Park dirigida por George Romero (La noche de los muertos vivientes). Realmente podemos experimentar la ansiedad, el pánico, el desconcierto, la sensación de terror absoluto que significaría enfrentarse con un escenario de tal dimensión. Para ello, Mitchell no se cohíbe de presentar las consecuencias de los encuentros humanos con todo tipo de animales prehistóricos, en su toda su gloriosa violencia. Es aquí donde marca su diferencia con Spielberg, haciendo lo que éste nunca se atrevería a hacer con sus personajes.

La influencia de Hitchcock también es evidente, no solamente en la trama, que recuerda a Los Pájaros (enfatizado por los dinosaurios cubiertos de protoplumas), sino también por el perfecto uso del suspenso y los momentos de estrepitoso terror.

El uso de IMAX no sólo es espectacular durante las secuencias con inmensos reptiles, también comunica el territorio mental de los personajes a través de inmensos close ups que revelan su angustia interna.

Para cerrar el ciclo, Mitchell ofrece un clímax y una conclusión que homenajea directa y perfectamente a Volver al Futuro.

Un inmejorable rato en la sala de cine.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí