Como varios millones de fans alrededor del mundo (a juzgar por la taquilla), el Hombre Araña también es mi superhéroe favorito. Tuve la suerte de tener seis años, cuando Novedades decidió reeditar en México varios títulos de Marvel, desde el número uno. Así inició mi amor por el personaje. No hablaré de cuando mi madre tiró toda mi colección, inadvertidamente provocando una compulsión coleccionista en mí. Esa es otra historia…
Para la cuarta cinta del Hombre Araña, ya como parte del MCU (Universo Marvel), encontramos a un Peter Parker (Tom Holland) triste y solitario, añorando volver a estar con su amigo Ned y su amor MJ, y lidiando con las consecuencias del hechizo que borró la memoria de su identidad a todos los que lo conocían sin máscara.
En un prólogo que promete una mejor película, Destin Daniel Cretton presenta un montaje de aventuras del Araña, homenajeando momentos icónicos a traves de la recreación de portadas clásicas de comics, mientras que Peter hace un resumen (voz en off) de lo sucedido hasta el momento. Poco después una de las tramas lo arruinará todo. Un misterioso personaje que puede controlar mentalmente a las personas está buscando algo y tiene que ver con el departamento de Control de Riesgo. Paralelamente, Peter comienza a sufrir cambios que afectan sus sentidos y biología, está pasando por una especie de adolescencia arácnida, su organismo está mutando.
Además del villano oculto y los problemas emocionales y físicos de Peter, tenemos a una serie de invitados especiales, Yelena Belova (Florence Pugh), Bruce Banner (mark Ruffalo) y Frank Castle (Jon Bernthal), inflando la duración de la cinta hasta los ciento cuarenta y cinco minutos. Ese es el mayor problema, Marvel hace mucho que no hace películas, hace comerciales de Marvel. El personaje de Sadie Sink, que no pertenecía a esta historia, y que es antagonista, más no villana, está ahí sólo para promocionar el futuro de Marvel.
Así, la que pudo haber sido una buena película, pierde su enfoque, desviándose del personaje titular y su círculo cercano, para vender más Marvel.
A pesar de las fallas de un guion que es el resultado de mandato corporativo, Cretton hace un buen trabajo y entrega la mejor película del Araña, post Raimi, dejando clara su reverencia por aquella trilogía original, recreando sus secuencias y revisitando los temas. Todo esto también tiene mucho que ver con el personaje de Peter Parker, un adolescente al que no se le ha permitido crecer en los comics, ni en el cine (y cuando lo ha hecho, todo se revierte). En tan solo veinticuatro años hemos tenido nueve películas en vivo del Hombre Araña, y seguimos viendo a un jovencito que no pasa de los mismos conflictos. Como el personaje que inspiró su nombre, Peter Pan, parece estar condenado a no crecer, para seguir apelando al mismo público (y vender cientos de millones) generación, tras generación.
A Cretton se le agradece el brindar secuencias de acción prácticas y con dirección real, así sean recreaciones de lo previamente establecido por Raimi, ya es ganancia. Aunque por momentos parece tratarse de un “grandes éxitos”, las telarañas orgánicas, la secuencia de la pelea/caída y destrucción del edificio, la del objeto cayendo en cámara lenta, la del beso con media máscara…
En cuanto a temas, la trama de Sadie Sink introduce comentario político interesante. Cuando un comando armado y encapuchado, secuestra a su hermana, es evidente la referencia al departamento estadounidense “encargado” de inmigración. Control de Riesgo tiene como blanco a las personas “diferentes”. Un flashback de la tía May taladra la alegoría. Más claro ni el agua.
Un nuevo día podría ser el inicio de algo parecido a la calidad en Marvel. Quizás.
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