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Cultura de la ilegalidad

Hace muchos decenios fui psiquiatra en la Policía Federal de Caminos, la encargada en el siglo XX de cuidar las carreteras de México.

Ricardo  Menéndez

Hace muchos decenios fui psiquiatra en la Policía Federal de Caminos, la encargada en el siglo XX de cuidar las carreteras de México. Lo interesante es que al terminar mi primera intervención valorando a los aspirantes excluí a los que tenían rasgos psicópatas, me aclararon que esos eran los que buscaban, que tenía que entender era difícil manejar solo en lejanas carreteras y tener que controlarlas. Obviamente no llegué a hacer una segunda valoración, pero me dejó reflexionando hasta la fecha. Sigue siendo políticamente incorrecto decir que la criminalidad es parte de nuestra cultura, yo pienso que no hay que negar que lo narco, el criminal asociado mexicano, está inserto en la sociedad, aunque la gran mayoría lo repudie. Hay un circuito entre la sociedad y el psicópata que se alimenta mutuamente. Aunque los homicidios hayan disminuido a la mitad con la 4T, la penetración del crimen en la vida de los mexicanos está en crecimiento. Enterarse de la nota roja de tu ciudad, escuchar lo que no sale en las noticias, es aterrador, la gran mayoría de las poblaciones están infectadas de conductas delictivas, de mucha violencia y crueldad. Aunque es discutible qué país tiene más crimen, se sabe estamos entre los tres primeros del mundo, es terrible. El circuito se da a partir de una falta de cultura de la legalidad, tenemos la de la ilegalidad. Tener que dar una mordida es algo de lo que no se ha salvado nadie que circule socialmente, la corrupción ha sido una manera de funcionar desde que tenemos información, desde la conquista, pero fue en el México independiente cuando esta se convirtió en una forma de “resolver” prácticamente oficial, donde la función piramidal era sabida, se le daba al jefe, este al suyo y así para arriba, algo parecido sucede con los grandes cárteles. Desgraciadamente somos vistos en el extranjero asociados al narco. Entendí que era necesario no tener empatía ni miedo para enfrentar solito a un grupo armado, al mismo tiempo entendí por qué algunas policías son propensas a la mordida, no tienen mayor remordimiento de una “compensación”. Si alguien es de admirarse son los policías no corruptos, sobreviven en medio de evidente psicopatía. Acorde a la prevalencia mundial podemos decir que hay un millón de adultos mexicanos psicópatas, que ya nacieron así, genéticamente determinados. Si el medio ambiente es corrupto y se agrega una normalización del “malandrín”, del cártel, resulta en un continuo entrar y salir de aspirantes al crimen, si lo buscan lo encontrarán en la esquina, para el psicópata un cártel es un lugar de pasión y desfogue, un atractivo. Siempre habrá reemplazo mientras la cultura de la ilegalidad abunde, atrapar a un puñado poco sirve. ¿Educación?

  •  *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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