Toyota: primera llamada para la política industrial de Baja California
Toyota se lleva a Texas la línea donde fabrica la Tacoma en Tijuana.

Toyota se lleva a Texas la línea donde fabrica la Tacoma en Tijuana. No es un cierre —el traslado será gradual y concluirá hacia 2030—, pero no conviene engañarnos. Trump lo celebró como un triunfo de sus aranceles, y ahí está la verdadera noticia: la política industrial de Estados Unidos ya destruye empleos bajacalifornianos, y aún no tenemos una respuesta propia con qué responder.
La planta de Tijuana emplea a unos 2 mil directos y ensambla hasta 166 mil unidades al año, ambos indicadores irán disminuyendo; la Tacoma es el segundo vehículo más exportado de México, casi todo a Estados Unidos. Toyota, invertirá 3,600 millones de dólares en San Antonio, con unos 2 mil nuevos empleos allá. Es el modelo que nos rige hace cuarenta años: producimos aquí, deciden allá, y cuando cambia la política externa, se afecta el empleo.
Baja California es potencia exportadora: en el último trimestre de 2025 aportó cerca del 9.7% de las exportaciones nacionales. Pero esconde una debilidad. Un solo giro —el equipo de cómputo— concentra alrededor del 31.7% de lo que exporta el estado, casi todo a un solo mercado. Concentración de producto más concentración de destino es la definición de riesgo. Y ya cobra factura: el empleo IMMEX cayó 2.4% en 2025, su tercer año consecutivo a la baja; esto se puede atribuir a los aranceles al acero, el aluminio y lo automotriz. Somos el estado con más establecimientos IMMEX y de los más concentrados en un solo mercado.
Necesitamos dejar de administrar la maquila y empezar a diseñar una política industrial. Una política industrial no es una petición al centro: es una decisión de responsabilidad regional sobre cinco vocaciones reales. Manufactura inteligente, para subir del ensamblaje al diseño. Logística, para que la garita más transitada del mundo sea plataforma de valor, no solo de cruce. Bioeconomía, con ciencia y patentes que hoy no se traducen en empleo. Reforzar el Turismo sustentable y de salud, divisas ajenas a los aranceles. Y energías renovables, hoy nuestro mayor faltante y condición indispensable para competir.
De ella se desprende una política comercial: una diversificación intencionada, hacia Europa y Asia. El acrónimo BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— ordena la estrategia si se lee país por país y no como bloque. Brasil e India, mercados reales para nuestros bienes de mayor valor: agroindustria, dispositivos médicos, farmacéutica. China, no como destino sino como la relación a reequilibrar, sustituyendo importaciones e integrando cadenas —la esencia de “Tijuana Provee”—. Rusia, acotada por las sanciones; Sudáfrica, puerta a África. Diversificar no es cambiar de amo: es dejar de tener uno. La diversificación es el único consejo gratis de la economía.
Por último, una política educativa que forme capacidades, no vacantes, alineando universidades y centros técnicos con esas vocaciones para que dejen de ser fábricas de frustraciones, subempleo y desempleo (para muestra la Universidad Nacional Rosario Castellanos con las mismas carreras saturadas de siempre) en un contexto de inteligencia artificial. Tenemos una ventana breve para decidir si seguimos siendo el lugar donde otros producen mientras les convenga, o la que decide por sí misma qué producir y con qué talento.
Libertad para no depender de un solo mercado. Responsabilidad para diseñar en lugar de esperar. Disciplina para sostener la estrategia más allá de un sexenio y de un ciclo arancelario. Toyota nos dio la lección. Falta ver si la aprendemos antes del siguiente aviso.
- *- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.
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